
Iglesia en Centro Habana reparte alimentos en medio de la creciente crisis social
En una calle de Centro Habana, bajo el sol intenso y rodeados de edificios deteriorados, decenas de cubanos hacen fila en silencio. No esperan un trámite estatal ni una ayuda institucional, sino un plato de comida ofrecido por la iglesia “Espíritu y Verdad”, que ha decidido salir a la calle para atender una necesidad cada vez más urgente: el hambre.
La iniciativa, impulsada por miembros de la congregación y documentada en redes sociales por el pastor Guillermo León Mighty, muestra escenas que se repiten cada vez con mayor frecuencia en distintos puntos del país. Voluntarios reparten alimentos preparados —desayuno y almuerzo— a personas de todas las edades que acuden con recipientes improvisados o reciben platos en el lugar.
Las imágenes reflejan una realidad difícil de ocultar: largas filas, rostros marcados por el desgaste y una dependencia creciente de iniciativas solidarias ante la escasez de alimentos. “Si no tienes comida, la iglesia está lista para alimentarte”, escribió el pastor en su publicación, que rápidamente generó reacciones y compartidos.
Más allá del gesto humanitario, el hecho pone en evidencia el papel que están asumiendo algunas organizaciones religiosas en medio del deterioro de las condiciones de vida. En ausencia de soluciones estructurales, estas acciones se han convertido en un alivio inmediato para quienes no logran cubrir sus necesidades básicas.
Centro Habana, uno de los municipios más densamente poblados y con mayor deterioro habitacional, se ha convertido en escenario recurrente de este tipo de iniciativas. Sin embargo, también es reflejo de una crisis más amplia que afecta a todo el país, marcada por la inflación, la escasez de productos básicos y el colapso de servicios esenciales.
Mientras tanto, la respuesta institucional sigue siendo insuficiente para una población que, cada vez más, depende de la solidaridad ciudadana y religiosa para sobrevivir el día a día. La escena de una iglesia repartiendo comida en plena calle no es solo un acto de fe, sino también un síntoma de la profundidad de la crisis que atraviesa la sociedad cubana.






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