
La verdadera flotilla humanitaria
Por Sayde Chaling-Chong García
Compatriotas: los comunistas, socialistas, progresistas y demás cuerpos celestes están montando un show ridículo en La Habana mientras el pueblo languidece, justo debajo de esos hoteles de lujo donde se hospedan los visitantes del parque temático llamado Cubaland.
Ninguno de esos pijos-zurdos ha hecho una cola pa´comprar un pedacito de mortadela, ni ha cargado cubos de agua pa´ bañarse, y mucho menos ha comido picadillo de soya, pasta de oca, ni se han lavado los dientes con pasta Perla. De hecho, nunca encendieron un mechón ni un quinqué. No saben lo que es un apagón, ni lo que significa tener tu derecho de protesta anulado, so pena de muerte. Solo son fanáticos que van a visitar un parque temático y a llevarse el recuerdo de una foto con alguna negrita famélica que finge ser feliz mientras muestra su pulóver del Che Guevara talla XS, producto de la falta de jama y la precariedad; una mujer que seguramente se zumbarán, a cambio de unas monedas, y de una pastilla de jabón usada, para luego decir que tuvieron una interacción con la población cubana.

Aquí en Europa, al igual que en los Estados Unidos, son fuerzas políticas minoritarias y residuales, muy ruidosas pero nada al fin. Para la mayoría del mundo son unos frikis que hablan de un viejito rico que vivió contrariamente a lo que predicó en el siglo XIX, porque hasta dejó a sus hijos morir de hambre, pero eso de Marx nadie te lo contó.
Olvídense de lo que lleva esa gente: no es pa´ ustedes, es pa´ los mismos que los tienen pasando hambre. Es un regalito, una ofrenda, como aquel que va al templo, y le lleva un cumplido a su santo de devoción.
Hay una flotilla humanitaria que hace tiempo está en Cuba, y aunque no puede llevar para todos, está haciendo por los más humildes. Se llama Mike Hammer, o Miguelito Martillo pa´ los amigos. Y todo aquel que me conoce sabe que yo no le rindo a nadie, pero al César lo que es del César.
Ese hombre va a los lugares más recónditos y humildes de Cuba pa´ llevar ayuda, en su particular flotilla, pagada por el Tío Sam, y que es una ofrenda a la auténtica víctima de todo esto: el pueblo de Cuba, esa arma que el PCC ha utilizado como rehén, siguiendo las enseñanzas de su admirado Lenin.
En unos días, como siempre, los turistas que visitan Cubaland y que fingen ser amigos de Cuba, cuando en realidad son amigos de la dictadura, y que no le importa la precariedad de ningún cubano, se habrán marchado. Parte de lo ofrendado acabará en la farmacia internacional, o en la Shopping en dólares, y el resto para sus almacenes privados.
Yo tengo una teoría alrededor de esto. Me da la sensación de que en las capitulaciones de la Tiranía, con Trump y Marco Rubio, pidieron hacer un último show internacional comunista. Quieren morir como Benny Moré en el escenario, muy poético y lírico; sin embargo, no los recordaremos como una gloria de Cuba, sino como lo que fueron: una plaga diabólica que rolló hasta lo más básico e íntimo de cada cubano.
Y a las ciberclarias que me leerán: revisen si ustedes recibieron algo de las donaciones que trajeron los izquierdosos del mundo. A ustedes se les sigue yendo la luz, y tampoco tienen jama, y todo porque a esa gente no le da la gana. Ustedes son como los mayorales, que no eran ni blancos ni negros, y entonces, pa complacer al señorito, maltrataban a sus negros.

Y mis cubanos que quieren la libertad y que se sienten abrumados por las informaciones: no pierdan el norte ni se dejen entretener. No olviden que el año 2026 será el año del final de esa tiranía. Ojalá se acabara el 31 de diciembre, así empezamos el 27 rompiendo la mitología sangrienta. Y sus cómplices en el mundo, saben que les queda muy poquito, porque nosotros aquí afuera le avisamos, y ya se dieron cuenta de lo que no quieren.
Consejo: No se hagan eco de nada de ellos. Lo que no se ve, no existe. No compartan ninguno de esos contenidos. Ni siquiera comenten Sigan compartiendo las publicaciones de la verdadera flotilla humanitaria, la que Mike Hammer está llevando por toda isla; esa que hoy, mientras escribo, trata de restituir los valores judeocristianos que nos hicieron ser un Estado-Nación potente y que no se olvida de la doctrina social de la Iglesia, que consiste en asistir a los más necesitados.
No me pierdan la fe y la esperanza porque, como dice Willy Chirino, y esta vez de verdad: «nuestro día viene llegando».






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