Morón y la hipocresía del castrismo: ayer celebraron sabotajes contra Batista, hoy llaman vandalismo a la rebelión del pueblo

La protesta ocurrida la madrugada de este viernes en Morón, Ciego de Ávila, donde un grupo de manifestantes prendió fuego a la sede del Partido Comunista, ha sido presentada por los medios oficiales como un acto de vandalismo. Sin embargo, una mirada honesta a la historia de Cuba demuestra que el uso del fuego como símbolo de rebeldía ha estado presente en múltiples momentos de las luchas por la libertad en la isla.

Lo que ocurrió en Morón se produce en medio de una profunda crisis social marcada por apagones prolongados, escasez y el deterioro de las condiciones de vida. Decenas de vecinos salieron a las calles golpeando cazuelas y gritando “¡Libertad!”, una consigna que desde hace años se ha convertido en el grito de quienes reclaman cambios en el país. En ese contexto, la sede municipal del Partido Comunista —el principal símbolo del poder político— fue incendiada por manifestantes.

La reacción inmediata del aparato propagandístico del régimen ha sido calificar los hechos como “vandálicos”. Sin embargo, la historia cubana está llena de episodios donde acciones similares fueron consideradas actos de resistencia y patriotismo.

El precedente histórico: cuando Bayamo ardió por la libertad

En 1869, durante la Guerra de los Diez Años, los propios habitantes de Bayamo decidieron incendiar su ciudad antes que entregarla nuevamente al control colonial español. Más de mil casas fueron quemadas por sus dueños en uno de los actos más dramáticos de la historia nacional.

Lejos de ser considerado vandalismo, ese episodio es enseñado en las escuelas como un símbolo del sacrificio del pueblo cubano por la independencia.

La estrategia del fuego en la guerra de independencia

Durante la Guerra de 1895, los mambises emplearon tácticas de destrucción económica contra el poder colonial. Ingenios azucareros, plantaciones y almacenes fueron incendiados para impedir que la economía de la colonia siguiera funcionando bajo control español.

Era una estrategia militar clara: debilitar la estructura que sostenía el dominio colonial.

Sabotajes e incendios en la lucha contra Batista

Otro episodio frecuentemente omitido por la narrativa oficial es lo ocurrido durante la lucha contra la dictadura de Fulgencio Batista en los años cincuenta.

En aquella época, grupos clandestinos vinculados al Movimiento 26 de Julio y a otras organizaciones opositoras llevaron a cabo numerosas acciones de sabotaje urbano, entre ellas:

Incendio de oficinas gubernamentales Quema de vehículos policiales y militares Ataques incendiarios contra instalaciones vinculadas al poder del régimen Sabotajes a infraestructuras económicas

Estas acciones eran presentadas entonces como parte de la lucha revolucionaria contra la dictadura. De hecho, muchos de quienes hoy ocupan el poder en Cuba participaron o apoyaron ese tipo de tácticas.

La contradicción del discurso oficial

La diferencia es que aquellos sabotajes se dirigían contra un poder que los revolucionarios consideraban ilegítimo.

Hoy, más de seis décadas después, Cuba sigue gobernada por un sistema político que no permite elecciones libres, mantiene un único partido en el poder y reprime cualquier forma de oposición.

Durante 67 años el país ha estado bajo un modelo político donde los ciudadanos no pueden elegir libremente a sus gobernantes. La creciente ola de protestas en distintos puntos de la isla demuestra que una parte cada vez mayor de la población ya no reconoce la legitimidad de ese sistema.

Por eso resulta contradictorio que quienes justificaron sabotajes e incendios contra la dictadura de Batista intenten ahora presentar cualquier manifestación de protesta como un simple acto de vandalismo.

Un país al límite

Las protestas que se han extendido por distintas zonas del país en los últimos días reflejan el nivel de agotamiento social acumulado tras años de crisis económica, apagones interminables y falta de perspectivas.

Morón se ha convertido en uno de los puntos más visibles de ese descontento.

La historia de Cuba demuestra que cuando la desesperación se combina con el deseo de libertad, los pueblos recurren a formas de protesta cada vez más radicales.

Y en esa historia, el fuego ha sido muchas veces un símbolo de ruptura con el poder establecido.

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