
El pueblo cubano no necesita “resistir”, necesita ser libre
El periódico oficial del Partido Comunista de Cuba, Granma, publicó este 12 de marzo un artículo titulado “Iniciativa de «La Jornada» alienta la resistencia del pueblo cubano ante medidas de Trump: Díaz-Canel”, en el que el gobernante Miguel Díaz-Canel agradece una campaña promovida por el diario mexicano La Jornada para recaudar fondos destinados a enviar alimentos, medicinas y plantas eléctricas a la isla.
Según el texto, intelectuales, periodistas y académicos mexicanos convocaron a reunir recursos para apoyar al pueblo cubano frente a la crisis económica y energética que atraviesa el país. La iniciativa plantea recaudar dinero para comprar productos considerados urgentes, mientras el gobierno cubano presenta ese gesto como una muestra de solidaridad internacional frente a las medidas de Estados Unidos.
Sin embargo, la narrativa oficial vuelve a repetir un discurso que durante décadas ha servido para ocultar el verdadero problema de Cuba. La crisis que sufren los cubanos no comenzó con sanciones ni con decisiones de gobiernos extranjeros. Es el resultado de más de sesenta años de control absoluto del poder por parte del Partido Comunista de Cuba, un sistema que ha eliminado las libertades políticas, ha destruido la economía productiva y ha convertido a la población en dependiente del Estado.
Presentar campañas de donaciones como un acto de “resistencia del pueblo cubano” es, en realidad, una manipulación política. El pueblo cubano no está resistiendo voluntariamente un conflicto externo; está sobreviviendo a un sistema que le niega derechos fundamentales, le impide elegir libremente a sus gobernantes y controla cada espacio de la vida pública.
Cada cargamento de alimentos o medicamentos que llega al país es utilizado por la propaganda oficial para reforzar la narrativa de un pueblo heroico asediado por enemigos externos. Pero esa ayuda no resuelve el problema estructural que mantiene a Cuba en una crisis permanente. Al contrario, termina funcionando como un alivio temporal que permite al régimen prolongar un modelo económico y político que ya ha demostrado su fracaso.
La historia reciente lo confirma. Durante décadas el gobierno cubano recibió subsidios masivos de la Unión Soviética, posteriormente de Venezuela y de otros aliados internacionales. Ninguna de esas ayudas transformó la realidad del país ni mejoró de manera sostenible la vida de los ciudadanos. Cuando esos apoyos desaparecieron, la crisis regresó con más fuerza.
Hoy, mientras el gobierno agradece nuevas campañas de solidaridad internacional, los cubanos dentro de la isla enfrentan apagones de hasta veinte horas, escasez de alimentos, hospitales sin recursos y una economía colapsada. Lo que muchos reclaman no son donaciones ni campañas de resistencia. Reclaman libertad, derechos y la posibilidad de construir su propio futuro sin el control de un partido único.
El problema de Cuba no se resolverá con colectas internacionales ni con envíos de ayuda humanitaria administrados por el mismo sistema que ha llevado al país a esta situación. La verdadera solución pasa por algo mucho más profundo: devolver al pueblo cubano la libertad política y económica que le ha sido negada durante más de seis décadas.
Porque los cubanos no quieren seguir resistiendo. Lo que quieren es dejar de vivir bajo un régimen que los obliga a resistir para sobrevivir.







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