
Mike Hammer se reúne con Occhiuto para abordar la explotación laboral de los médicos cubanos en Calabria
El 23 de febrero de 2026, el presidente de la región italiana de Calabria, Roberto Occhiuto, se reunió en Catanzaro con el encargado de negocios de Estados Unidos en Cuba, Mike Hammer, para abordar el futuro de los médicos cubanos que actualmente trabajan en el sistema sanitario regional. El encuentro no fue protocolar. Tuvo un objetivo concreto: evaluar la continuidad de esa cooperación en un contexto de creciente cuestionamiento internacional al modelo bajo el cual esos profesionales son contratados.
La información sobre la reunión y sobre el funcionamiento del programa de médicos cubanos en Calabria se basa en lo publicado por el medio italiano Corriere della Calabria y en una investigación de la periodista Annarella Grimal en Diario de Cuba, que documenta el trasfondo político y laboral de estas misiones.
Calabria arrastra desde hace años una crisis estructural en su sistema de salud. La falta de personal médico ha puesto en riesgo el funcionamiento de hospitales y servicios de urgencias, especialmente en zonas más vulnerables. En ese contexto, la llegada de médicos cubanos fue presentada como una solución de emergencia para evitar el cierre de servicios esenciales. Occhiuto reiteró durante la reunión que estos profesionales siguen siendo necesarios para sostener la atención sanitaria en la región.
Sin embargo, el debate ya no se limita a la utilidad de esos médicos. El centro de la discusión es el modelo de contratación bajo el cual llegan a Italia. Los profesionales no negocian directamente sus condiciones laborales con las autoridades regionales o con los centros de salud. Son incorporados a través de convenios que involucran a una empresa estatal cubana, que actúa como intermediaria y retiene una parte sustancial del salario que paga el país receptor. El médico recibe solo una fracción de lo que genera su trabajo.
A este esquema se suman otras restricciones documentadas: limitaciones de movimiento, falta de libertad para abandonar la misión sin consecuencias y un marco contractual que no se ajusta a los estándares laborales europeos. En la práctica, se trata de un sistema que subordina al trabajador a la estructura del Estado cubano, que controla su carrera profesional, sus ingresos y, en muchos casos, su futuro personal.
Este fue el punto central planteado por la parte estadounidense en el encuentro. No como una discusión ideológica, sino como una objeción directa a un mecanismo que vulnera derechos laborales básicos y que encaja en definiciones internacionales de explotación del trabajo. La discusión se produjo, además, en un momento en que varios países revisan su relación con las misiones médicas cubanas precisamente por estos motivos.
La reunión del 23 de febrero tuvo consecuencias concretas. El gobierno regional de Calabria anunció que, además de reconocer la importancia de los médicos que ya están en el territorio, abrirá vías de reclutamiento alternativas para contratar profesionales extranjeros —incluidos cubanos— bajo contratos directos, sin intermediación del Estado cubano. La intención declarada es permitir que los médicos puedan negociar libremente sus condiciones y trabajar bajo las normas laborales europeas.
Ese giro es significativo. Durante meses, la región había considerado ampliar la misión cubana hasta cerca de un millar de profesionales en 2026. Ahora, el énfasis se desplaza hacia un modelo distinto: atraer médicos, pero sin reproducir un esquema que concentra el control en un gobierno extranjero y reduce al trabajador a una pieza dentro de un contrato entre Estados.
Los datos conocidos refuerzan la dimensión del problema. En los últimos años, cientos de médicos cubanos han llegado a Italia bajo este sistema y decenas han abandonado las misiones, renunciando incluso a la posibilidad de regresar a la Isla, con tal de escapar de ese control. No se trata de casos aislados, sino de una señal clara de que el modelo genera tensiones profundas y costos humanos reales.
Para el régimen cubano, estas misiones son una de sus principales fuentes de ingresos en divisas. Para regiones como Calabria, han sido una solución rápida a una crisis de personal. Para muchos médicos, en cambio, el resultado ha sido un intercambio desigual: trabajo altamente cualificado a cambio de salarios recortados y libertades limitadas.
La reunión entre Occhiuto y Hammer marca un punto de inflexión. No resuelve de inmediato la crisis sanitaria de Calabria, pero sí deja en evidencia que la urgencia no puede seguir justificando un sistema basado en la restricción de derechos. Si Europa necesita médicos, puede contratarlos. Lo que empieza a quedar claro es que no puede —o no debería— hacerlo a través de un mecanismo que convierte a esos profesionales en mercancía exportable por una dictadura.
Más allá del caso italiano, el debate abierto en Calabria vuelve a plantear una pregunta de fondo: ¿hasta qué punto la cooperación internacional en salud puede considerarse legítima cuando se apoya en un modelo que priva a los trabajadores de control sobre su propio trabajo y su propio salario? La respuesta, cada vez más, parece estar dejando de ser cómoda para quienes durante años miraron hacia otro lado.






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