Dos ancianos asesinados en Cárdenas reavivan la alarma sobre la degradación social en Cuba

Dos crímenes ocurridos en la ciudad de Cárdenas, con apenas días de diferencia, han conmocionado a la opinión pública y reabierto el debate sobre el deterioro social que atraviesa Cuba. Las víctimas fueron dos hombres ancianos, identificados como Agustín y Pablito, ambos en situación de vulnerabilidad y viviendo solos, según denunció en Facebook el escritor y periodista José Manuel González Rubines.

De acuerdo con la publicación, uno de los ancianos fue quemado vivo por un joven de 18 años. El otro, un hombre ciego además de anciano, fue asesinado a golpes para robarle el poco dinero que llevaba consigo. Los dos casos, distintos en sus circunstancias, coinciden en un mismo trasfondo: la extrema indefensión de personas mayores que sobreviven en soledad y pobreza en medio de una crisis cada vez más profunda.

González Rubines subraya que estos hechos no pueden entenderse únicamente como actos de violencia individual, sino como síntomas de una degradación social más amplia. En su texto, describe un país marcado por apagones prolongados, falta de alimentos y medicinas, problemas de comunicación, acumulación de basura en las calles y el regreso a métodos primarios de supervivencia como cocinar con leña o carbón. En ese contexto, advierte, la normalización de la precariedad termina por erosionar también los límites de la convivencia.

“La precariedad sostenida descompone los límites de la convivencia, deshumaniza”, señala el autor en su publicación, donde reflexiona además sobre cómo términos que antes parecían exagerados hoy describen con mayor precisión la realidad cotidiana. La idea central es que la crisis no solo es económica o material, sino también moral y social, con consecuencias visibles en el aumento de la violencia y en la pérdida de referentes básicos de protección a los más vulnerables.

Los asesinatos de Agustín y Pablito ponen el foco en una población especialmente golpeada por la crisis: los ancianos que viven solos, con pensiones insuficientes y escaso apoyo institucional. En muchos casos, estas personas dependen de la solidaridad vecinal o de familiares que también enfrentan enormes dificultades para sobrevivir.

Hasta el momento, las autoridades no han ofrecido información pública detallada que permita comprender el alcance real de estos hechos ni las circunstancias en que ocurrieron. Sin embargo, la denuncia difundida en redes sociales ha generado una ola de indignación y preocupación, al reflejar una violencia extrema que contrasta con el discurso oficial sobre seguridad y control social.

“Que ellos descansen en paz, porque nosotros no la tendremos hasta que logremos cambiar las cosas”, concluye la publicación. La frase resume un sentimiento extendido entre muchos cubanos: la percepción de que la crisis ha dejado de ser solo una cuestión de carencias materiales para convertirse en una amenaza directa a la dignidad humana y a la seguridad de los más indefensos.

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