Fusiles del siglo pasado frente a la guerra del siglo XXI

Miguel Díaz-Canel publicó en su cuenta de X un video donde aparece participando en un “Ejercicio Demostrativo de acciones del Ministerio del Interior”, en el marco del llamado Día Nacional de la Defensa. Las imágenes muestran a estudiantes y efectivos entrenando con fusiles de asalto de la familia Kalashnikov, el armamento estándar de la infantería cubana desde hace décadas.

El mensaje que se intenta transmitir es el de preparación y capacidad defensiva. Sin embargo, cuando se observa el material desde una perspectiva técnica y militar, resulta inevitable la comparación entre lo que se muestra y la realidad de los conflictos armados en el siglo XXI.

Las armas visibles en el video son, en su mayoría, fusiles AK en distintas variantes, un diseño que se remonta a la década de 1950. Son armas conocidas por su resistencia y simplicidad, pero también por su carácter básico en términos tecnológicos. No se aprecian sistemas modernos de puntería, integración con redes de información, uso de drones, sensores avanzados, ni ningún tipo de apoyo tecnológico que hoy define el combate moderno.

En contraste, el ejército de Estados Unidos —frecuentemente presentado por el discurso oficial como el principal referente de amenaza externa— opera con una doctrina y unos medios completamente distintos. Su capacidad militar se basa en la superioridad aérea y naval, el uso de satélites, drones armados, sistemas de inteligencia en tiempo real, misiles de precisión y plataformas de guerra electrónica. En ese escenario, el peso decisivo ya no lo tienen los fusiles de infantería, sino la tecnología, la información y la capacidad de golpear a gran distancia con precisión.

La comparación es clara: un fusil de asalto, por fiable que sea, no compite con un dron, un misil guiado o un sistema de vigilancia satelital. No se trata de una cuestión ideológica, sino de una realidad técnica ampliamente reconocida en el ámbito militar. Las guerras modernas se deciden mucho antes del contacto directo entre soldados, en el terreno de la detección, la información y la superioridad tecnológica.

Por eso, el video difundido por Díaz-Canel no muestra una modernización real de las capacidades defensivas del país ni una disuasión creíble frente a una potencia militar de primer nivel. Lo que exhibe es, más bien, un modelo de equipamiento anclado en otra época, heredero de una lógica de confrontación propia de la Guerra Fría, pero muy lejos de los estándares actuales del poder militar.

En un mundo donde los conflictos se definen cada vez más por la tecnología, los datos y la precisión, la imagen de fusiles de hace más de medio siglo subraya una brecha evidente entre el discurso oficial de “defensa” y la realidad de cómo se libra hoy una guerra moderna. La publicación termina revelando, más que fortaleza, el profundo desfase entre el relato político y el estado real de las capacidades militares frente a los ejércitos más avanzados del planeta.

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