Estados Unidos refuerza su estrategia sobre Cuba desde el Vaticano: apoyo humanitario, presión diplomática y coordinación regional

La representación de Estados Unidos ante la Santa Sede ha revelado en los últimos días una intensa agenda diplomática centrada en la situación de Cuba, con un doble eje claro: el apoyo humanitario directo al pueblo cubano y la articulación de una respuesta política y regional ante el deterioro del país bajo el régimen.

Según las comunicaciones oficiales, el embajador estadounidense ante la Santa Sede, Burch, y el jefe de misión de Estados Unidos para Cuba, Mike Hammer, sostuvieron reuniones con Cáritas Internationalis para abordar cómo la Administración Trump está canalizando ayuda humanitaria directamente a los cubanos a través de la Iglesia Católica. El objetivo declarado es evitar intermediaciones estatales y garantizar que la asistencia llegue a la población más vulnerable, en medio de una crisis económica y social cada vez más profunda.

En paralelo, la agenda incluyó encuentros con altos representantes del Vaticano, entre ellos el arzobispo Gallagher, en los que se discutió abiertamente el empeoramiento de la situación en Cuba y el papel que puede desempeñar la Iglesia en el acompañamiento al pueblo cubano, tanto en el plano humanitario como en el moral y social. Las conversaciones reflejan una coincidencia en la necesidad de reforzar los canales de apoyo a la población y de mantener la atención internacional sobre lo que ocurre en la isla.

Otro de los movimientos relevantes fue la reunión con un grupo de embajadores latinoamericanos, a quienes Hammer ofreció un informe detallado sobre la situación cubana. De acuerdo con lo divulgado, el intercambio buscó coordinar posiciones y explorar vías de trabajo conjunto, tanto entre gobiernos como con la Iglesia, para respaldar las aspiraciones de libertad y mejores condiciones de vida del pueblo cubano.

El mensaje que se desprende de esta serie de encuentros es claro: Washington está apostando por una estrategia que combina presión diplomática, construcción de consensos regionales y apoyo humanitario directo, con la Iglesia Católica como un actor clave para llegar a la población. No se trata solo de asistencia material, sino también de mantener el tema cubano en el centro de la agenda internacional y de reforzar una narrativa de acompañamiento a los ciudadanos, no al aparato del régimen.

En un contexto en el que la crisis en Cuba se profundiza y las salidas internas siguen bloqueadas, estos movimientos diplomáticos apuntan a consolidar una red de apoyo externo que, al menos en el plano humanitario y político, busque aliviar el sufrimiento de la población y sostener la presión internacional sobre un sistema que sigue mostrando signos de agotamiento y cierre.

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