
Reconocen a Yoel Martínez integrante del Dúo Buena Fe en la cola de visas de la Embajada española
La escena ocurrió en plena vía pública, en la conocida cola para trámites de visado el pasado jueves 19 de febrero. Entre decenas de cubanos que esperan una oportunidad para salir del país, varios testigos aseguraron haber reconocido a Yoel Martínez, integrante del Dúo Buena Fe, realizando gestiones en la sección de visas.
Según comentarios escuchados en el lugar, el músico estaría tramitando un nuevo visado con vistas a un posible viaje a España. Algunas personas en la fila especulaban con que su visa anterior podría estar vencida, aunque no existe confirmación oficial sobre su situación migratoria actual ni sobre los motivos concretos del trámite que realizaba.
Buena Fe no es un proyecto ajeno a la política. Durante años ha sido uno de los grupos musicales más alineados con el discurso del régimen, defendiendo públicamente un sistema que mantiene a los cubanos sin libertades políticas básicas, con severas restricciones para viajar, expresarse y decidir su futuro. Un sistema que ha empujado a millones al exilio y a otros tantos a sobrevivir dentro de la isla en condiciones de precariedad extrema.

La contradicción es evidente. Mientras desde escenarios y entrevistas se pide al pueblo “resistencia”, “comprensión” o “paciencia”, sus voceros culturales viajan, gestionan visas, se mueven por países libres, cobran en moneda fuerte y disfrutan de derechos y libertades que en Cuba están prohibidos o fuertemente limitados. Lo que para ellos es un trámite, para la mayoría de los cubanos es un muro casi infranqueable.
Incluso estos artistas, protegidos y promocionados por el sistema, terminan chocando con la misma realidad que ellos ayudan a justificar: permisos, vencimientos, colas y controles. El mismo aparato que oprime al ciudadano común también les recuerda, de vez en cuando, que viven dentro de un país donde moverse libremente sigue siendo un privilegio, no un derecho.
La imagen de un artista oficialista en la cola de las visas no es solo una anécdota. Es un símbolo de la hipocresía del modelo. Se defiende una dictadura desde la comodidad de quienes pueden salir de ella. Se justifica la falta de libertades mientras se disfruta de las libertades de otros países. Se predica sacrificio, pero no se renuncia a los beneficios que el sistema reserva para sus leales.
Mientras tanto, en esa misma fila siguen esperando cientos de cubanos anónimos. Personas sin micrófonos, sin escenarios y sin respaldo político. Personas que no viajan por giras ni por contratos, sino por necesidad, por exilio o por simple supervivencia. La diferencia es clara: unos sostienen el discurso del poder; otros cargan con sus consecuencias.







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