La Iglesia cubana frente a la crisis: fe activa, acompañamiento social y voz profética

En medio de la profunda crisis que atraviesa Cuba, el Presbiterio Ejecutivo de la Iglesia de las Asambleas de Dios ha reafirmado el papel de la Iglesia como un actor espiritual y social clave en uno de los momentos más difíciles para la nación. Lejos de replegarse ante la escasez y las limitaciones materiales, las congregaciones han fortalecido su vida de oración, han insistido en un mensaje centrado en Cristo y han trabajado en la formación de creyentes resilientes, convencidos de que la fe no es un refugio pasivo, sino una fuerza que impulsa a la acción.

Desde los púlpitos y en el trabajo cotidiano de las iglesias locales, el mensaje es claro: aun en medio de la precariedad, Dios sigue siendo refugio, provisión y consuelo para su pueblo. Esta convicción se traduce en una práctica concreta que va más allá de lo estrictamente religioso y se adentra en el terreno social y humano, donde la crisis golpea con mayor dureza.

Las iglesias, según subraya el Presbiterio Ejecutivo, acompañan a los presos y sostienen a sus familias, organizan comedores comunitarios y redes solidarias de alimentos, comparten recursos con los más vulnerables y ofrecen consejería a quienes enfrentan ansiedad y desesperanza. Pastores y líderes promueven la reconciliación, la paz y la dignidad de cada persona, partiendo del principio bíblico de que todo ser humano ha sido creado a imagen de Dios. En ese sentido, la fe cristiana se presenta no como un discurso abstracto, sino como un compromiso directo con el sufrimiento real del país.

Junto a esta labor espiritual y social, la Iglesia también asume lo que define como una voz profética responsable. Desde los principios del evangelio, afirma la justicia, señala lo mal hecho y exige el respeto pleno a la dignidad humana y a las libertades fundamentales, tanto religiosas como civiles. Lo hace, según destacan sus líderes, no desde la confrontación partidista, sino desde la convicción de que la verdad y la misericordia son pilares esenciales del Reino de Dios y de cualquier sociedad que aspire a la convivencia y al bien común.

“El llamado es a no callar, pero tampoco a destruir; a proclamar, servir y actuar con firmeza y amor”, resume el espíritu del mensaje del Presbiterio Ejecutivo. En esa línea, la Iglesia se define a sí misma como una comunidad que no está inmóvil ni resignada, sino comprometida con empujar hacia el bien común en medio de la adversidad.

El pronunciamiento se apoya también en una referencia bíblica que resume su postura ante el momento actual: “Porque no nos ha dado Dios espíritu de cobardía, sino de poder, de amor y de dominio propio” (2 Timoteo 1:7). Con esa certeza, la Iglesia de las Asambleas de Dios asegura que seguirá adelante, convencida de que, incluso en los tiempos más oscuros, la luz de Cristo continúa brillando y que el futuro de Cuba no está condenado a la desesperanza.

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