
Una iglesia suple lo que el Estado no puede: atención médica gratuita para cientos de habaneros
La Iglesia Bautista “Nazareth”, en el municipio de La Víbora, La Habana, se convirtió esta semana en un improvisado centro de salud para cientos de personas que buscan lo que hoy resulta casi imposible de garantizar en Cuba: atención médica básica.
Según informó la propia institución en sus redes sociales, junto a la Agencia Cubana de Misiones Mundiales “Cubanos a las Naciones”, se ofrecieron consultas totalmente gratuitas de medicina general, optometría, oftalmología, fisioterapia y ortopedia para toda la comunidad. La jornada tuvo lugar en la sede de la iglesia, ubicada en San Anastasio, entre San Francisco y Milagros, en el barrio de Lawton, y se extendió desde las 8 de la mañana hasta las 5 de la tarde.
Las imágenes compartidas muestran largas filas de personas, en su mayoría ancianos, esperando bajo el sol para poder ser atendidos. En un país donde la escasez de medicamentos, insumos médicos y especialistas se ha vuelto parte del día a día, la escena es tan elocuente como dolorosa. De acuerdo con la publicación, alrededor de 1.000 personas pudieron recibir atención durante la jornada, un dato que ilustra con crudeza el nivel de necesidad acumulada en la población.
Lejos de tratarse de un hecho aislado, esta iniciativa vuelve a poner en evidencia el colapso del sistema de salud pública en Cuba, que durante décadas fue presentado por la propaganda oficial como uno de los grandes logros del régimen. Hoy, sin embargo, son iglesias, organizaciones solidarias y redes de apoyo comunitario las que, en muchos casos, están cubriendo vacíos que el Estado ya no logra —o no quiere— cubrir.
Para muchos de los asistentes, esta jornada no fue solo una oportunidad de hacerse un chequeo visual o recibir orientación médica, sino también un alivio ante la imposibilidad de acceder a consultas especializadas por las vías oficiales. La alta concurrencia refleja una realidad incuestionable: en la Cuba de hoy, incluso lo más básico se ha vuelto un lujo.
Mientras el discurso oficial insiste en hablar de “resistencia” y “sacrificios”, la realidad en las calles muestra otra cosa: ciudadanos que dependen de la solidaridad para poder ver, caminar sin dolor o simplemente ser escuchados por un médico. Y en medio de esa crisis, iniciativas como la de la Iglesia Bautista “Nazareth” terminan funcionando no solo como un acto humanitario, sino también como un silencioso pero contundente retrato del fracaso del sistema.







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