
España recibe al canciller del régimen cubano mientras la represión en la isla se agrava
El ministro de Asuntos Exteriores de España, José Manuel Albares, recibirá este lunes en Madrid al canciller del régimen cubano, Bruno Rodríguez Parrilla, en una reunión que, según informó la agencia EFE, servirá para “analizar la situación de la isla”. El encuentro se produce en uno de los momentos más críticos para el pueblo cubano, marcado por una profunda crisis económica, un colapso de los servicios básicos y una represión sostenida contra la disidencia y la sociedad civil.
Bruno Rodríguez no representa a un gobierno democrático, sino a un aparato de poder responsable de mantener en prisión a cientos de presos políticos, muchos de ellos manifestantes del 11 de julio de 2021, periodistas independientes, activistas y ciudadanos cuyo único “delito” ha sido exigir libertad. Su visita a Madrid ocurre mientras en Cuba continúan las detenciones arbitrarias, los juicios sin garantías y el hostigamiento sistemático a familiares de presos y opositores.
La reunión con Albares vuelve a colocar en el centro del debate la política del Gobierno español hacia la dictadura cubana. Mientras el régimen intenta proyectar una imagen de “normalidad diplomática”, dentro de la isla la realidad es muy distinta: apagones prolongados, escasez de alimentos y medicinas, salarios que no alcanzan para sobrevivir y un éxodo masivo que refleja el fracaso absoluto del modelo impuesto por el poder.
Desde ClickCuba, hemos documentado cómo la represión no solo no ha disminuido, sino que se ha recrudecido. En las últimas semanas se han reportado nuevas citaciones policiales, amenazas, vigilancia contra activistas y condiciones inhumanas en las cárceles para los presos políticos. En ese contexto, resulta inevitable preguntarse qué significa realmente “analizar la situación de la isla” cuando el interlocutor es uno de los principales voceros internacionales de un sistema que niega derechos fundamentales.
España mantiene una relación histórica, política y económica con Cuba, pero esa relación no puede seguir ignorando el drama humano que vive la población. Cada encuentro de alto nivel con representantes del régimen sin una exigencia clara y pública de cambios reales envía un mensaje equivocado: el de la normalización de una dictadura que sigue gobernando mediante el miedo y la represión.
Mientras Bruno Rodríguez es recibido en Madrid, en Cuba hay madres esperando noticias de sus hijos presos, familias sobreviviendo sin electricidad ni comida suficiente y jóvenes que solo ven como salida el exilio. Esa es la verdadera “situación de la isla” que debería estar sobre la mesa y que no puede seguir siendo maquillada por el lenguaje diplomático.
La pregunta no es si España debe dialogar, sino para qué y a costa de qué. Si ese diálogo no se traduce en una presión firme por la liberación de los presos políticos, el respeto a los derechos humanos y el fin de la represión, entonces corre el riesgo de convertirse, una vez más, en oxígeno político para un régimen que lleva más de seis décadas negándole la libertad a su pueblo.







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