Flotillas sin libertad: cuando la “ayuda” sirve al carcelero

Cada cierto tiempo, desde cómodos puertos y con discursos grandilocuentes, reaparece la misma idea: una flotilla “humanitaria” rumbo a Cuba. Esta vez se presenta bajo el nombre de Flotilla Nuestra América, envuelta en consignas sobre autodeterminación, solidaridad y emergencia. El problema no es la palabra ayuda. El problema es a quién termina sirviendo esa ayuda en un país donde no existen libertades básicas.

Los cubanos no estamos pidiendo más parches para una herida que no nos dejan cerrar. Estamos pidiendo libertad. Y eso cambia completamente el sentido del debate.

En una dictadura no hay autodeterminación. Hay control, represión, censura y miedo. No decide el pueblo qué entra, qué se reparte ni a quién llega. Decide el aparato del poder. Toda “ayuda” que pasa por las manos del régimen termina convertida en propaganda, en mecanismo de control social o en privilegio para los leales. La historia reciente lo demuestra una y otra vez: donaciones desviadas, almacenes militares llenos, hospitales vacíos y ciudadanos agradecidos solo en los noticieros oficiales.

Decir que el pueblo cubano “ya está luchando” contra un “asedio” externo mientras se ignora al verdadero responsable de la miseria —un sistema que lo controla todo y no rinde cuentas— es, como mínimo, una forma de ceguera política. Y como máximo, una manera de legitimar al carcelero mientras se dice ayudar al preso.

Sí, en Cuba faltan medicinas. Faltan alimentos. Falta electricidad. Falta combustible. Pero sobre todo falta libertad. Y esa es la causa de todas las demás carencias. Sin libertad no hay control ciudadano, no hay prensa independiente, no hay sindicatos libres, no hay elecciones reales, no hay manera de exigir responsabilidades. Sin libertad, cualquier ayuda es administrada por quienes provocaron la crisis.

Por eso muchos cubanos dentro y fuera de la isla no pedimos flotillas de caridad. Pedimos coherencia. Pedimos que quien diga querer ayudar al pueblo cubano empiece por reconocer que vive bajo una dictadura. Pedimos que no se use la palabra “autodeterminación” para describir un país donde disentir se paga con cárcel, exilio o silencio forzado.

Ayudar de verdad a Cuba hoy no es solo llevar cajas. Es no reforzar el sistema que produce la escasez. Es no blanquear al poder que impide que esas cajas lleguen de forma justa. Es no convertir una tragedia nacional en un espectáculo político.

Por eso, desde aquí, hacemos un llamado claro y directo: si la Flotilla Nuestra América dice querer escuchar al pueblo cubano, que escuche esto: queremos libertad. Queremos derechos. Queremos poder decidir nuestro futuro sin miedo.

Invitamos a todos los cubanos y a quienes creen de verdad en la democracia a escribirles directamente y decírselo sin rodeos:

📩 nuestraamerica@proton.me

Díganles que en una dictadura no hay autodeterminación.

Díganles que sin libertad no hay ayuda que baste.

Díganles que Cuba no necesita más propaganda humanitaria, sino un cambio real.

Porque el problema de Cuba no es solo la falta de recursos.

El problema de Cuba es que sigue secuestrada por un sistema que no deja al pueblo ser libre. Y mientras eso no cambie, ninguna flotilla podrá llamarse, honestamente, solidaria.

Deja un comentario

Suscribirse

Tendencias