
Rechazo y escepticismo: cubanos reaccionan a la idea de Greta Thunberg de viajar a la isla en una flotilla “humanitaria”
La posibilidad de que la activista sueca Greta Thunberg participe en una flotilla con destino a Cuba, supuestamente para llevar ayuda humanitaria y “romper el bloqueo” de Estados Unidos, ha provocado una ola de reacciones entre cubanos dentro y fuera de la isla. Lejos de generar entusiasmo, el anuncio ha sido recibido con una mezcla de rechazo, ironía e indignación en redes sociales.
La información comenzó a circular a través de publicaciones en X, donde se aseguraba que Thunberg formaría parte de convoyes de ayuda con rumbo a Cuba. Aunque no existe, hasta el momento, confirmación oficial de la propia activista, el simple planteamiento bastó para encender el debate entre cubanos que conocen de primera mano la realidad del país.
En decenas de comentarios, usuarios subrayaron que el principal problema de Cuba no es la falta de gestos simbólicos desde el exterior, sino la ausencia de libertades y la permanencia de un sistema que reprime y controla todos los aspectos de la vida nacional. “No queremos más migajas, queremos libertad”, escribió una cuenta, en una frase que se repite con distintos matices en muchas de las respuestas.
Otros fueron aún más directos al señalar que cualquier ayuda que llegue a la isla corre el riesgo de ser manipulada o utilizada por el régimen para su propaganda. Para muchos, iniciativas de este tipo terminan sirviendo más a la narrativa oficial que a las necesidades reales de la población. “Si de verdad quiere ayudar a Cuba, que exija elecciones libres”, se lee en uno de los mensajes compartidos y replicados.
También hubo comentarios cargados de sarcasmo y enojo, algunos recordando que los cubanos no necesitan visitantes extranjeros que ignoren la raíz política de la crisis. Varios usuarios insistieron en que el foco no debe ponerse en campañas mediáticas, sino en la represión, los presos políticos, la censura y el control absoluto que ejerce la dictadura sobre la sociedad.
En medio de la polémica, activistas y ciudadanos aprovecharon para reiterar que la crisis cubana no se resolverá con gestos simbólicos ni con flotillas, sino con cambios estructurales que devuelvan al pueblo sus derechos. Las imágenes de golpizas, detenciones arbitrarias y actos represivos, compartidas por algunos usuarios en respuesta a la noticia, reforzaron ese mensaje.
La reacción masiva en redes deja claro que, para una gran parte de los cubanos, la narrativa de “ayuda humanitaria” desvinculada de la falta de libertades resulta insuficiente e incluso ofensiva. Más que barcos con suministros, reclaman atención internacional sobre la raíz del problema: un sistema que mantiene al país en crisis permanente y niega a sus ciudadanos el derecho a decidir su futuro.






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