El pastor Deivi Muñoz rompe el silencio y se suma al clamor por un cambio en Cuba

El pastor cubano Deivi Muñoz publicó en su perfil de Facebook un mensaje que ha comenzado a circular con fuerza en redes sociales y que conecta directamente con una realidad que millones de cubanos viven a diario. “Así no me puedo quedar”, escribió, antes de describir la situación de pobreza, hambre y precariedad que observa en su entorno inmediato y que, según sus palabras, ya no puede seguir callando.

En su publicación, Muñoz habla de niños con hambre, de ancianos sin una vejez digna y de familias que sobreviven en viviendas de madera, con techos deteriorados y pisos de tierra. No lo hace desde la distancia, sino desde la experiencia cotidiana. “Lo veo a diario”, afirma, dejando claro que no se trata de un discurso abstracto, sino de una realidad que acompaña como pastor y como ciudadano cubano.

El mensaje va más allá de la simple denuncia social. Muñoz se suma explícitamente a “las miles de voces que quieren un cambio” y expresa un deseo que resuena de oriente a occidente de la isla: que termine el sistema actual. En su texto insiste en que no se trata de política, sino de conciencia y de responsabilidad frente al sufrimiento humano que se ha normalizado en Cuba.

Como era de esperar, las palabras del pastor han abierto un debate. Algunos cuestionan que un líder religioso haga este tipo de pronunciamientos públicos. Sin embargo, la discusión de fondo no está en el cargo que ocupa, sino en la realidad que describe. Deivi Muñoz no habla desde una posición de privilegio ni desde una tribuna ajena al pueblo. Camina las mismas calles, acompaña a las mismas personas y enfrenta las mismas carencias que millones de cubanos.

La historia demuestra que el silencio también es una postura. Callar frente al dolor, la injusticia y la precariedad no es neutral. En ese sentido, la posición de Muñoz conecta con una tradición cristiana que entiende como deber estar del lado de los más débiles, señalar lo que está mal y acompañar al que sufre, incluso cuando eso trae consecuencias.

“Denunciar el dolor no es hacer política”, es una idea que atraviesa el mensaje y que resume el sentido de su publicación. No se trata de un llamado partidista ni de una consigna vacía, sino de una toma de posición moral ante una crisis que ha empujado a amplios sectores de la población a la miseria y la desesperanza.

La voz del pastor Deivi Muñoz no habla solo por él. Refleja el sentir de muchos que viven la misma realidad, pero que no siempre se atreven a decirlo en voz alta. En un país donde el miedo y la presión han impuesto durante años el silencio, cada pronunciamiento público de este tipo se convierte también en un gesto de acompañamiento y de ruptura con la resignación.

Su mensaje, sencillo y directo, pone sobre la mesa una verdad incómoda: Cuba vive una crisis profunda y humana, y cada vez más ciudadanos, desde distintos espacios, sienten que ya no pueden quedarse callados.

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