Mike Hammer en Miami: “El cambio en Cuba es una prioridad de seguridad nacional para Estados Unidos”

En una entrevista concedida al periodista Mario Vallejo en Miami, el encargado de Negocios de Estados Unidos en Cuba, Mike Hammer, dejó definiciones claras sobre la estrategia de la administración Trump hacia la isla, el futuro político del país y la presión internacional contra el régimen encabezado por Miguel Díaz-Canel.

Hammer abordó una de las preocupaciones más extendidas dentro y fuera de Cuba: el temor de que un eventual cambio termine siendo “elitista”, con los mismos actores de siempre en el poder, ante la falta de un liderazgo visible dentro de la oposición. El diplomático reconoció que se trata de un tema “sumamente delicado” y subrayó que las decisiones finales corresponden al presidente Donald Trump, en coordinación con el secretario de Estado Marco Rubio, a quien describió como alguien que conoce en profundidad la realidad cubana y tiene una visión clara de cómo debe producirse la transición.

Según explicó, la labor de la misión diplomática estadounidense en La Habana responde a esas directrices y se centra en “llegar al pueblo”, ofrecer esperanza y demostrar de forma tangible el respaldo de Washington. En ese contexto, recordó el envío de tres millones de dólares en ayuda humanitaria canalizada a través de la Iglesia y Cáritas Cuba, subrayando que no pasa por las manos del régimen.

Hammer también defendió el endurecimiento de la presión sobre el gobierno cubano y mencionó como un punto clave la decisión de cortar el suministro de petróleo venezolano hacia la isla. A su juicio, ese recurso no beneficiaba a la población, ya que una parte significativa terminaba siendo revendida en otros mercados. Para el diplomático, el momento actual es decisivo y se inscribe en una visión más amplia de seguridad nacional de Estados Unidos, donde América Latina y el Caribe ocupan un lugar central y Cuba forma parte de ese tablero estratégico.

El jefe de misión fue especialmente crítico con las declaraciones recientes de Miguel Díaz-Canel, quien ha instado a los cubanos a producir sus propios alimentos en casa para poder comer. Hammer respondió que el dinero existe, pero que el régimen debería usar los recursos que mantiene en el exterior para aliviar la situación del pueblo, en lugar de destinarlos a sus propios intereses. “Es simple, es una dictadura”, afirmó, al tiempo que reiteró las exigencias de Washington: liberación de los presos políticos, libertad de expresión, fin de la persecución a la prensa independiente y respeto al derecho de los ciudadanos a practicar su religión.

En ese punto, mencionó casos como el de Berta Soler y otros creyentes que, según denunció, enfrentan obstáculos incluso para asistir a la iglesia. Para Hammer, se trata de derechos humanos básicos que se disfrutan en gran parte del mundo y que en Cuba siguen siendo sistemáticamente violados.

La entrevista también abordó los llamados actos de repudio organizados por el régimen contra su persona durante sus recorridos por la isla. Lejos de mostrarse intimidado, Hammer aseguró que continuará con su misión y recordó que es responsabilidad de las autoridades cubanas garantizar la seguridad de los diplomáticos. Ironizó, además, sobre el despliegue de recursos policiales para hostigar y vigilar, mientras el pueblo carece de gasolina y servicios básicos. A su juicio, estos actos no reflejan apoyo popular, sino montajes organizados con los mismos participantes de siempre.

Preguntado sobre si cree que durante su estancia en Cuba puede producirse un cambio, Hammer respondió con rotundidad que sí, y afirmó que ese es precisamente el objetivo de su trabajo diario. Dijo que su tarea es avanzar los intereses de Estados Unidos, que identificó directamente con los intereses del pueblo cubano de vivir en libertad.

Finalmente, envió un mensaje directo a los cubanos dentro de la isla, especialmente tras las acusaciones de Díaz-Canel contra Washington. Según Hammer, la gente con la que se reúne en provincias sabe perfectamente quién es responsable de la miseria y del fracaso económico, y no señala a Estados Unidos. Aseguró que los propios ciudadanos le dicen que la revolución ha fracasado y que los ha traicionado, beneficiando solo a una élite mientras el resto del país sufre.

Su mensaje, dijo, es de esperanza: que sepan que la administración Trump, el gobierno estadounidense y los cubanos en el exilio los apoyan, y que el cambio puede materializarse este mismo año. Tras recorrer ciudades como Trinidad, Camagüey, Holguín, Bayamo, Santiago de Cuba y Guantánamo, Hammer afirmó que percibe en la gente la sensación de que, aunque el camino sea difícil, se está avanzando en una dirección decisiva.

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