
Un aeropuerto para una Cuba libre: el proyecto de un joven arquitecto que imagina el futuro del país
Un diseño futurista en forma de paloma, símbolo universal de libertad y paz, ha vuelto a encender en redes sociales el debate sobre cómo podría ser la Cuba del mañana. Se trata del proyecto conceptual de un nuevo Aeropuerto Internacional de La Habana, creado por el joven arquitecto cubano Jorge Luis Véliz Quintana, y difundido recientemente por el intelectual Dagoberto Valdés Hernández como ejemplo del talento y la visión de país que existe dentro y fuera de la isla.
El concepto, compartido también en Instagram por el propio arquitecto, propone una infraestructura moderna, amplia y visualmente impactante, pensada no solo como terminal aérea, sino como un símbolo de transición y apertura. La forma de paloma, visible desde el aire, busca representar una Cuba reconciliada consigo misma, abierta al mundo y en paz con su futuro.
En su publicación, Valdés subraya que “al futuro no se le espera, se le prepara”, y presenta este proyecto como una prueba de que el país cuenta con capital humano y preparación para asumir una reconstrucción profunda cuando llegue el momento del cambio. La propuesta también conecta con las ideas del XVII Informe del Centro de Estudios Convivencia sobre “Las infraestructuras en el futuro de Cuba”, donde se plantea la necesidad de repensar el país desde bases modernas, funcionales y sostenibles.
Más allá de su valor arquitectónico, el diseño ha generado una ola de reacciones en redes sociales, donde muchos cubanos han respondido a la pregunta lanzada por el propio Véliz: “¿Qué nombre le pondrías tú a ese nuevo aeropuerto en una Cuba libre?”. Las respuestas van desde homenajes a figuras históricas hasta nombres que evocan directamente la libertad, la democracia y el reencuentro nacional.
El propio arquitecto escribió en su publicación: “Dios me estaba preparando como arquitecto para levantarte completa el día que seas libre, Cuba”, una frase que resume el espíritu del proyecto: no se trata solo de una obra, sino de una declaración de fe en un país distinto.
En medio de la crisis estructural que vive la isla, marcada por el deterioro de infraestructuras, la emigración masiva y la falta de perspectivas, este tipo de iniciativas funcionan como recordatorio de que existe una generación de profesionales pensando en la Cuba que aún no existe, pero que muchos consideran inevitable.
El proyecto de Véliz no es un plan de construcción inmediata, sino un ejercicio de imaginación cívica y de proyección de país. Un gesto que, para muchos, confirma que el problema de Cuba no es la falta de talento, sino la ausencia de un sistema que permita a ese talento convertir ideas en realidad.
Mientras tanto, en las redes, la pregunta sigue abierta: ¿cómo se llamaría el primer gran aeropuerto de una Cuba libre? Y, más importante aún, ¿cuándo podrá ese futuro dejar de ser un render para convertirse en un país real?






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