Mike Hammer en Holguín: el diplomático que sigue caminando Cuba pese a los actos de repudio

El Encargado de Negocios de Estados Unidos en Cuba, Mike Hammer, continúa su recorrido por el oriente del país en una gira que ya suma varios días de contactos directos con la sociedad cubana y que ha estado marcada tanto por muestras de apoyo ciudadano como por al menos seis actos de repudio organizados por el régimen, ampliamente condenados por los propios cubanos. En ese contexto, Hammer llegó a Holguín, donde se reunió con el monseñor Emilio Aranguren, obispo emérito de la diócesis, en un encuentro que volvió a subrayar el carácter simbólico y político de su presencia en la isla.

Durante la visita, el diplomático entregó a Aranguren una réplica de la Liberty Bell de Filadelfia, uno de los símbolos más reconocidos de la independencia de Estados Unidos, en el marco de las conmemoraciones por los 250 años de ese acontecimiento. El gesto, difundido en redes sociales, estuvo acompañado del mensaje “Freedom 250”, una referencia directa a los valores de libertad que contrasta con la realidad cotidiana que viven millones de cubanos bajo un sistema que no tolera el pluralismo ni la disidencia.

La parada en Holguín se suma a una serie de encuentros que Hammer ha sostenido en distintas provincias del oriente cubano, donde ha buscado mantener un contacto directo con ciudadanos, líderes religiosos y actores de la sociedad civil. Este estilo de diplomacia, poco habitual en el contexto de control y vigilancia impuesto por el régimen, ha provocado reacciones de hostigamiento y campañas de descrédito, pero también ha generado expresiones de respaldo de numerosos cubanos que ven en estas visitas un gesto de cercanía y respeto.

Los actos de repudio organizados contra su presencia, lejos de intimidar o pasar inadvertidos, han sido ampliamente criticados por la ciudadanía, que los percibe como una muestra más de la intolerancia política del poder. Para muchos, la imagen de un diplomático recorriendo pueblos y ciudades, escuchando y conversando con la gente, contrasta con la de un Estado que responde con consignas, vigilancia y presión.

La figura de Emilio Aranguren añade además una dimensión significativa al encuentro en Holguín. La Iglesia católica ha sido en distintos momentos uno de los pocos espacios donde aún es posible articular llamados al respeto, la dignidad humana y la convivencia, aunque siempre bajo fuertes restricciones. El intercambio con Hammer se inscribe en esa línea de diálogo que, aunque limitada, sigue siendo relevante en un país donde casi todo espacio independiente es visto con sospecha por el poder.

La visita a Holguín no es, por tanto, un hecho aislado, sino parte de un itinerario que ha llevado a Mike Hammer por varias provincias del oriente cubano en medio de un clima de tensión, vigilancia y hostigamiento. En un país donde el contacto directo con la ciudadanía suele ser castigado o criminalizado, la persistencia del diplomático en recorrer el territorio adquiere un significado que va más allá de lo protocolar.

Así, mientras el régimen intenta imponer el miedo y el aislamiento, Hammer continúa caminando Cuba, dejando tras de sí no solo imágenes y comunicados oficiales, sino también un mensaje que muchos cubanos interpretan como un recordatorio de que la libertad sigue siendo una demanda pendiente y una esperanza que no ha sido apagada.

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