
Alerta de seguridad de EE. UU. expone la gravedad del colapso eléctrico y la escasez de combustible en Cuba
La Embajada de Estados Unidos en La Habana emitió este 3 de febrero de 2026 una alerta de seguridad en la que advierte sobre el deterioro acelerado de las condiciones de vida en la isla, marcado por la inestabilidad del sistema eléctrico nacional, apagones prolongados y una profunda escasez de combustible que ya impacta servicios esenciales.
Según el comunicado oficial, los cortes de electricidad —programados y no programados— se han convertido en un hecho cotidiano en todo el país, incluida La Habana. La situación afecta directamente el abastecimiento de agua, la refrigeración de alimentos y medicinas, la iluminación y las comunicaciones, incrementando la vulnerabilidad de la población.
La Embajada subraya además una crisis de combustible que golpea el transporte y provoca largas colas en los servicentros. Aunque algunos hoteles, hospitales y negocios recurren a generadores eléctricos, advierte que no siempre pueden sostener sus operaciones por la falta de diésel y gasolina.
Ante este escenario, la representación diplomática recomienda medidas de autoprotección como conservar agua, alimentos y carga de teléfonos móviles, contar con linternas y baterías, y prepararse para interrupciones significativas de los servicios básicos. También sugiere evaluar alternativas para necesidades médicas que dependan de la electricidad o la refrigeración.
La alerta incluye un elemento político relevante: ciudadanos estadounidenses han sido impedidos de entrar al país y se registra un aumento de protestas promovidas por el régimen con retórica antiestadounidense, lo que eleva el nivel de riesgo para viajeros y residentes.
El aviso insta a seguir los partes diarios de la Unión Eléctrica (UNE), monitorear medios locales, mantenerse en contacto con familiares y registrarse en el programa STEP del Departamento de Estado para recibir actualizaciones de seguridad.
La advertencia oficial de Washington confirma con lenguaje diplomático lo que los cubanos viven a diario: un sistema energético colapsado, escasez de combustible y una infraestructura incapaz de garantizar servicios básicos. Mientras el régimen minimiza la crisis, organismos internacionales y misiones diplomáticas alertan sobre su gravedad y alcance, colocando nuevamente a Cuba en el centro de la preocupación regional por la seguridad y la estabilidad.







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