El padre Alberto Reyes reflexiona sobre el aprendizaje del cambio y la libertad en Cuba

El sacerdote cubano Alberto Reyes Pías publicó en su perfil de Facebook una nueva entrega de su serie de reflexiones titulada “He estado pensando…”, en la que aborda uno de los temas más sensibles del debate nacional: si la sociedad cubana está o no preparada para un cambio profundo hacia la libertad y el pluralismo.

En el texto, el religioso sostiene que el cambio no es un punto de llegada inmediato, sino un camino que se aprende. Cuestiona la afirmación repetida de que los cubanos dentro de la isla no están listos para una transformación política y social, y señala que esa respuesta solo podrá comprobarse cuando el cambio ocurra. Aun así, advierte que será un proceso duro debido a décadas de condicionamiento ideológico, dependencia estatal y restricciones a la iniciativa individual.

Reyes describe el impacto de años de adoctrinamiento y de un modelo centrado —según sus palabras— en un “papá Estado” que decide y controla la vida de los ciudadanos. Señala que generaciones enteras crecieron con la idea de que pagar por servicios como la salud o la educación es moralmente reprochable, y que el mercado y la propiedad privada son presentados como sinónimos de injusticia.

El sacerdote también profundiza en las consecuencias éticas de la escasez prolongada. Afirma que la cultura del “resolver” ha normalizado prácticas basadas en la simulación y la doble moral, donde la urgencia por sobrevivir desplaza con frecuencia los medios correctos para lograrlo. A su juicio, esto ha dejado huellas profundas en la conducta social y en la noción de responsabilidad personal.

Otro de los ejes de su publicación es la falta de cultura de la diversidad de criterios. Sostiene que durante años se promovió la uniformidad como valor, castigando la discrepancia y presentando el diálogo como debilidad. En contraste, defiende el respeto a la diferencia y la conversación abierta como herramientas necesarias para construir una sociedad sana.

Pese al diagnóstico crítico, su mensaje es esencialmente de esperanza activa. Reconoce que la sociedad puede no estar completamente preparada para vivir en libertad, pero afirma que tampoco lo está para continuar en el sufrimiento, la falta de horizontes y la pérdida de futuro para las nuevas generaciones. En ese sentido, plantea que el aprendizaje vendrá con la práctica: tropezando, corrigiendo y avanzando.

Reyes apunta como señales de capacidad de transformación la experiencia de los emigrados cubanos que han logrado prosperar en otros países, el surgimiento de emprendedores dentro de la isla y el trabajo de educadores y formadores que, aun en condiciones adversas, siembran valores en los jóvenes.

Su conclusión es directa: el cambio no será fácil, pero considera que es posible y alcanzable. Más que una consigna política, su texto propone una lectura ética y humana del proceso de transformación, centrada en la responsabilidad personal y en la capacidad de aprender a vivir en libertad.

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