
Amelia Calzadilla: marchar con hambre y apagones es la prueba del fracaso del régimen
La activista cubana Amelia Calzadilla publicó este jueves un extenso y contundente mensaje en su perfil de Facebook en el que cuestiona con dureza las marchas organizadas por el régimen en medio del apagón generalizado, la escasez y el agotamiento físico y emocional de la población. En su texto, Calzadilla desmonta la narrativa oficial del “poder popular” y la sustituye por una imagen cruda de sometimiento, miedo y adoctrinamiento.
“La imagen de personas marchando con el estómago vacío, enfermas y exhaustas no es símbolo de fortaleza del tirano, sino la prueba más gráfica de por qué necesitamos el fin de la dictadura y la restauración de una democracia”, escribe. Para la activista, esas movilizaciones no representan apoyo genuino, sino obediencia forzada, oportunismo o disciplina militar ciega, en un país donde la supervivencia diaria se ha convertido en una carga insoportable.
En uno de los pasajes más directos de su publicación, Calzadilla interpela al ciudadano común que aún permanece en la Isla y lanza una pregunta ética que atraviesa todo el texto: ¿puede un gobierno que dice amar a su pueblo exigirle tal nivel de sacrificio mientras destina recursos a su propia propaganda y egolatría? La respuesta, implícita pero firme, es negativa. Ningún poder que respete a su gente —sostiene— puede pedirle que deje a sus hijos sin comer, sin descansar o sin vestir para demostrar una obediencia que se confunde deliberadamente con lealtad.
El mensaje incorpora además una referencia bíblica al capítulo 13 de la Primera Carta a los Corintios, donde el apóstol Pablo define las características del amor. Calzadilla utiliza ese pasaje para subrayar la contradicción entre el discurso oficial y la realidad: quien ama no humilla, no somete, no carga más peso sobre hombros ya cansados, ni es indiferente al sufrimiento. Desde esa perspectiva, el régimen no solo ha fallado políticamente, sino también en el plano moral.
La activista amplía su llamado al cambio más allá de quienes resisten abiertamente. Afirma que Cuba necesita una transformación incluso para los “inconformes temerosos”, para los adoctrinados que aún no se atreven a pensar con cabeza propia, para los militares en formación que todavía no comprenden que su lealtad debe ser con el pueblo y no con un Estado “vil y cruel”. El reclamo incluye también a quienes viven en el exilio, a los que han logrado rehacer su vida fuera pero mantienen el corazón dividido por los que quedaron dentro de lo que define como una “cárcel colectiva”.
En la parte final del texto, Calzadilla enumera a las principales víctimas del abandono gubernamental: los niños, los ancianos, los trabajadores con salarios indignos, los perseguidos, los presos políticos y los enfermos postrados en hospitales sin condiciones. Frente a la propaganda, los discursos vacíos o los “héroes” oportunistas, asegura que no claudicará. “A esa verdad me aferro”, escribe, antes de cerrar con una afirmación cargada de determinación: “Este es nuestro año”.
La publicación, ampliamente compartida en redes sociales, se suma a una serie de pronunciamientos que reflejan el creciente hartazgo de la sociedad cubana y refuerza una idea central: el verdadero poder no se mide en marchas organizadas, sino en la dignidad y el bienestar real de un pueblo.






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