José Martí no fue comunista: el régimen miente, Martí habló claro

Cada 28 de enero el régimen cubano intenta apropiarse de la figura de José Martí, presentándolo como precursor del socialismo marxista-leninista instaurado en 1959. En la escuela se repite una frase que pretende sellar ese vínculo: “Martí lo soñó y Fidel se lo cumplió”. Esa afirmación es históricamente falsa y moralmente deshonesta.

El pensamiento de Martí es incompatible con el colectivismo autoritario, la dictadura de partido único y la subordinación del individuo al Estado. Su obra es una defensa radical de la libertad humana, la dignidad individual y la república democrática, no un manual para implantar un Estado totalitario.

Martí: libertad, pensamiento propio y república, no partido único

Martí defendió la libertad como condición absoluta del ser humano. Dijo que:

“Libertad es el derecho que todo hombre tiene a ser honrado, y a pensar y a hablar sin hipocresía.” (Tomo 18, p. 304) “El hombre ama la libertad, aunque no sepa que la ama…” (Tomo 9, p. 224) “Como el hueso al cuerpo humano […] así es la libertad la esencia de la vida. Cuanto sin ella se hace es imperfecto.” (Tomo 9, p. 451)

En su visión, la república debía basarse en ciudadanos libres, no en masas sometidas. Por eso escribió:

“Yo no creo que en aquello que a todos interesa […] deba intentar prevalecer […] la opinión de un solo hombre.” (Tomo 1, p. 208)

La idea del partido único, la censura del pensamiento y la obediencia políticamente obligatoria niegan esa esencia. Martí lo dejó claro:

“Un hombre que oculta lo que piensa o no se atreve a decir lo que piensa, no es un hombre honrado.” (Tomo 18, p. 304) “Me parece que me matan un hijo cada vez que privan a un hombre del derecho de pensar.” (Tomo 22, p. 114)

En la Cuba de hoy, donde existe censura digital, medios clausurados, presos políticos y persecución al disidente, la voz de Martí acusaría al poder, no al ciudadano.

La patria no es un feudo ni una capellanía

El castrismo convirtió a Cuba en un feudo político controlado por una élite militar-partidista. Martí advirtió contra eso:

“La patria no es juguete de unos cuantos tercos, sino cosa divina.” (Tomo 22, p. 18) “La patria es dicha de todos, y dolor de todos, […] y no feudo ni capellanía de nadie.” (Tomo 4, p. 239)

Nada está más lejos del modelo republicano martiano que un sistema de control estatal total, con ciudadanos reducidos a súbditos.

Martí y el socialismo: dos advertencias graves

Martí conoció la doctrina socialista y no la idealizó. Su advertencia más conocida es precisa y demoledora:

“Dos peligros tiene la idea socialista, como tantas otras: el de las lecturas extranjerizas, confusas e incompletas, y el de la soberbia y la rabia disimulada de los ambiciosos, que para ir levantándose en el mundo empiezan por fingirse, para tener hombros en que alzarse, frenéticos defensores de los desamparados.” (Tomo 3, Página 168)

También escribió sobre Marx y el radicalismo europeo:

“Karl Marx ha muerto. […] se puso del lado de los débiles, merece honor. Pero no hace bien el que señala el daño […] sino el que enseña remedio blando al daño.” (New York, 1883)

Martí distingue entre justicia y odio político. Por eso denunció:

“Asesino alevoso […] es el que […] predica al oído […] el evangelio bárbaro del odio.” (Tomo 7, p. 230)

La revolución cubana se fundó precisamente en el odio de clase, el culto a la violencia y la eliminación del adversario.

Martí contra la estatización total: del siervo libre al siervo del Estado

En una visión casi profética del socialismo real, Martí escribió sobre el estatismo absoluto:

“De ser siervo de sí mismo, pasaría el hombre a ser siervo del estado.” (Tomo 15, pp. 388-392)

Advirtió que una casta de funcionarios privilegiados terminaría oprimiendo al resto:

“Todo el poder que iría adquiriendo la casta de funcionarios […] lo iría perdiendo el pueblo.” (Tomo 15, pp. 388-392)

Y alertó sobre el control estatal del trabajo:

“El hombre que quiere ahora que el estado cuide de él […] tendría que trabajar […] en la labor que pudiese el estado asignarle.” (Tomo 15, pp. 388-392)

No hay descripción más precisa del modelo socialista cubano: ciudadanos dependientes del Estado, funcionarios privilegiados, mercado prohibido, propiedad limitada y movilidad controlada.

Martí defendió propiedad y conciliación, no odio de clase

Lejos de la consigna revolucionaria, Martí escribió:

“El derecho del obrero no puede ser nunca el odio al capital: es la armonía […] y el acercamiento común.” (Escenas Mexicanas, 1875)

Y en Nuestra América afirmó:

“Es rica una nación que cuenta con muchos pequeños propietarios.” (Nuestra América, 1878) “La propiedad conserva los Estados.” (Nuestra América, 1886)

Martí quería república de propietarios, no Estado dueño de todo.

Martí contra el culto al líder y la sumisión

El castrismo basa su legitimidad en lealtad personal, obediencia y rendición. Martí escribió lo contrario:

“Los hombres que ceden no son los que hacen a los pueblos, sino los que se rebelan.” (Tomo 4, p. 324) “Siempre es desgracia para la libertad que la libertad sea un partido.” (Escenas Mexicanas, 1877)

Y definió el deber del ciudadano:

“Un hombre que obedece a un mal gobierno, sin trabajar para que el gobierno sea bueno, no es un hombre honrado.” (Tomo 18, p. 304)

Martí no soñó el totalitarismo, soñó la república

Si Martí viviera hoy en Cuba: estaría preso por “desacato”, censurado por “propaganda enemiga”, o exiliado por “mercenarismo”.

No porque fuera violento, sino porque fue republicano, liberal, pluralista y anticolonial, y porque escribió cosas que el régimen no puede tolerar.

La frase “Martí lo soñó y Fidel se lo cumplió” no resiste la prueba documental. Martí no soñó socialismo, ni partido único, ni culto al caudillo, ni Estado dueño de la vida.

Martí soñó una patria de libertades, de pequeños propietarios, de pensamiento propio, de justicia sin odio, y de república sin tiranos.

El régimen puede intentar apropiarse de su nombre, pero no puede apropiarse de su obra.

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