Identifican a represores políticos en acto oficialista por muertes de militares cubanos

El activista y científico cubano Óscar Casanella publicó recientemente en su cuenta de Facebook una denuncia que ha resonado con fuerza entre activistas y defensores de derechos humanos: aseguró haber identificado a al menos dos agentes represores del Estado cubano en un video del homenaje oficial por las muertes de militares cubanos que “protegían al dictador venezolano Nicolás Maduro” y celebrado en julio de 2017 en el Ministerio de las Fuerzas Armadas Revolucionarias (MINFAR). 

La publicación de Casanella, a la que este diario tuvo acceso, mezcla memoria personal, nombres y fotografías recuperadas con un esfuerzo de reconstrucción de hechos de represión política que han marcado su propia vida y la de otros opositores a la dictadura cubana.

Un pasado de represión: testimonios que conectan

En su texto, Casanella relata acontecimientos personales de represión sufridos en diferentes fechas por parte de agentes de la seguridad del Estado, a quienes identifica en imágenes y videos públicos. En particular, denuncia haber reconocido en el video del homenaje a un hombre identificado como “Darío”, implicado en su detención violenta el 10 de octubre de 2020 frente a la sede del Movimiento San Isidro (MSI), cuando intentaba reunirse con el artista y activista Luis Manuel Otero Alcántara para una acción cívica. Según su testimonio, Darío y otros cinco o seis agentes de civil lo detuvieron y lo llevaron a la fuerza, lo esposaron, lo trasladaron a una estación policial en La Habana Vieja —donde estaban también otros activistas— y luego a la estación de Infanta y Manglar en el municipio Cerro, donde fue interrogado por oficiales de la policía política antes de ser liberado cerca de la medianoche. 

Más allá de este episodio, Casanella denuncia la presencia en la foto del homenaje del 20 de julio de 2017 de otro agente a quien señala con un óvalo rojo en su publicación: el pseudónimo conocido como “Capitán Emilio”. Según el activista, este represor estuvo involucrado en la detención que sufrió ese mismo día junto a los artistas Lía Villares y Luis Trápaga cuando intentaban asistir a una misa en honor al opositor Oswaldo Payá Sardiñas en la Avenida 23, Vedado.

Represión y violaciones: una noche en Zapata y C

Casanella reconstruye en su publicación cómo fue llevado junto a Villares y Trápaga a la estación de policía ubicada en Zapata y C, donde lo mantuvieron en una celda. Posteriormente, fue trasladado a otra estación en San Miguel del Padrón, donde agentes, entre ellos el “Capitán Emilio”, según él, intentaron obligarlo mediante amenazas y maltrato físico a desbloquear su celular. Casanella se negó y, según su relato, los policías confiscaron el dispositivo y lo formatearon, borrando todo su contenido, incluidas fotos familiares valiosas.

No le permitieron comunicarse con sus familiares y pasó la noche en la cárcel, liberado solo 24 horas después de lo que califica como una desaparición forzada. Días después, gracias a la ayuda de un amigo, recuperó algunas de las fotos que ahora comparte junto a su denuncia.

Contexto político y memoria histórica

Casasella es un opositor conocido en redes sociales y entre activistas cubanos. Como muchos disidentes, ha sufrido represión, detenciones y amenazas, un patrón documentado por organizaciones de derechos humanos en la isla. La muerte de Oswaldo Payá en 2012 sigue siendo un tema doloroso y polémico, usado tanto por el oficialismo como por la oposición para reforzar narrativas contrarias sobre la naturaleza del régimen. 

El homenaje en el MINFAR al que se refiere Casanella —y que ahora sirve como base para su denuncia— fue un acto promovido por el aparato estatal en torno a militares fallecidos en circunstancias relacionadas con la cooperación internacional con Venezuela.

La publicación ha generado reacciones encontradas entre activistas: algunos valoran el esfuerzo por nombrar a represores concretos, un paso hacia la rendición de cuentas individual en un sistema marcado por la impunidad; otros señalan la dificultad de verificar de manera independiente tales identificaciones sin fuentes adicionales o corroboración judicial.

Para Casanella, sin embargo, el ejercicio es tanto un acto de memoria como de denuncia activa: “Mis palabras son un testimonio. No se trata de acusaciones vacías, sino de nombres, rostros y hechos que forman parte de la historia reciente de Cuba”, escribió en su perfil.

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