
Activista cubano denuncia vulnerabilidad laboral: “Ya no se trata de salir, se trata de sobrevivir”
El activista y reportero independiente Adelth Bonne Gamboa lanzó un llamado urgente a través de sus redes sociales para solicitar empleo en el sector privado dentro de la isla, luego de quedar desempleado tras abandonar su trabajo como colaborador de Cubanet por amenazas directas de la Seguridad del Estado.
La situación de Bonne expone una realidad conocida pero poco visible: los opositores y periodistas independientes en Cuba quedan en un limbo económico extremo, sin posibilidad real de conseguir empleo formal debido al miedo que genera la represión.
Dejar el periodismo para poder vivir… y aun así no poder
Bonne explicó que dejó de ejercer como reportero por la presión política y el “seguimiento” constante de la Seguridad del Estado. Sin embargo, lejos de mejorar, su situación se agravó. En su publicación, afirma que no ha logrado insertarse laboralmente desde entonces, lo que lo obliga ahora a pedir ayuda pública para poder alimentarse y vestirse.
“Si alguno de mis seguidores o amigos tiene algún negocio privado en Cuba y tiene la valentía y la fuerza de aguantar el seguimiento que saben que tengo… y tiene algún puesto de trabajo para mí, por favor, que me contacte. Me urge”, escribió.
El mensaje deja claro que el problema no es únicamente económico, sino político: cualquier persona que ofrezca trabajo a un opositor corre el riesgo de ser citada, presionada o vigilada por la Seguridad del Estado, lo que genera un entorno de terror laboral donde nadie quiere arriesgarse.
Vivir bajo asedio y sin derechos laborales
Tras denunciar la vigilancia estatal, Bonne explica que la prioridad ya ni siquiera es emigrar, sino simplemente sobrevivir:
“Ya esto no se trata de reunir dinero para salir. Esto se trata ahora de conseguir dinero para comer, vestir y sobrevivir.”
La frase resume el nivel de vulnerabilidad estructural que enfrentan los opositores dentro de un país donde el Estado controla no solo la vida pública, sino también la supervivencia cotidiana.
Un patrón conocido: opositores sin empleo y empresas privadas bajo presión
No se trata de un caso aislado. Activistas, periodistas independientes, defensores de derechos humanos y manifestantes del 11 de julio han denunciado durante años que:
Son expulsados de sus centros de trabajo. No pueden aspirar a empleos estatales. El sector privado les cierra las puertas por miedo a la Seguridad del Estado. Viven bajo acoso policial, vigilancia y citaciones constantes.
En este contexto, el activismo se convierte en una condena económica: la persona queda marcada ante el Estado y señalada ante la sociedad.
Mientras tanto, el régimen continúa negando la existencia de persecución política en la isla, a pesar de las múltiples denuncias y del creciente número de opositores que terminan recurriendo a trabajos informales, a la asistencia de familiares en el exilio o incluso a peticiones públicas como la de Bonne.
La precariedad como método de control social
Eliminar las fuentes de ingresos de los disidentes es una herramienta de castigo y control, que complementa la represión física, judicial y mediática. Al bloquear el acceso al empleo, el régimen intenta forzar la desmovilización política mediante el hambre y la desesperación.
El llamado de Adelth Bonne no solo es una solicitud laboral: es una denuncia en voz alta de la indefensión total a la que están sometidos quienes deciden no someterse al poder político en Cuba.
En un país donde la represión se ha sofisticado, el control económico se ha vuelto un arma silenciosa pero devastadora, capaz de convertir la disidencia en sinónimo de pobreza extrema.
Mientras tanto, Bonne espera que alguien tenga la valentía de darle trabajo, aunque eso implique enfrentarse al mismo aparato represivo que lo dejó a él en la calle.







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