
México evalúa detener el envío de petróleo a la dictadura cubana ante presión de Estados Unidos
El gobierno de la presidenta Claudia Sheinbaum está analizando internamente la posibilidad de reducir o suspender el suministro de petróleo a la dictadura cubana, según fuentes consultadas por la agencia Reuters este 23 de enero. La revisión responde a la creciente presión de Washington, que ha intensificado su política para cortar los flujos de crudo hacia La Habana.
La administración estadounidense, bajo la presidencia de Donald Trump, ha dejado claro que no tolerará que Cuba reciba petróleo de terceros países tras la caída del suministro venezolano. Esta postura ha puesto a México en el centro de un tablero geopolítico donde la energía se ha convertido en un instrumento de presión regional.
Una política en revisión
De acuerdo con Reuters, diversos sectores del gobierno mexicano consideran que mantener los envíos podría traer consecuencias en la relación bilateral con Estados Unidos, incluyendo posibles tensiones comerciales. Las deliberaciones internas incluyen tres escenarios: continuar con los envíos actuales, reducirlos o detenerlos completamente.
La decisión aún no ha sido tomada y no existe anuncio oficial de cambios. Sin embargo, el hecho de que la política esté siendo revisada marca un giro relevante frente a la línea establecida por el expresidente Andrés Manuel López Obrador, que sostuvo el suministro pese al deterioro energético cubano.
El discurso oficial se mantiene
Mientras tanto, el discurso público del gobierno mexicano no ha variado. Sheinbaum ha defendido los envíos como una acción de carácter humanitario y basada en contratos vigentes, asegurando que representan una proporción menor de la producción nacional.
Esa narrativa busca separar la dimensión política del apoyo energético, pero convive con la realidad de una región donde Estados Unidos ha elevado el costo de cualquier cooperación con La Habana.
Impacto regional y consecuencias para Cuba
Si México optara por detener el suministro, el golpe para Cuba sería considerable. En medio del colapso de su sistema eléctrico, la dictadura cubana depende cada vez más de fuentes externas para sostener la generación termoeléctrica. La reducción del petróleo venezolano ya había provocado apagones masivos y la búsqueda desesperada de nuevos proveedores.
Para La Habana, México se convirtió en uno de los pocos aliados que todavía le suministra combustible. Perder ese flujo obligaría a la dictadura a profundizar el racionamiento energético y a buscar alternativas en un mercado donde pocos países están dispuestos a asumir el costo político.
Un movimiento que puede redefinir posiciones
La revisión mexicana no responde únicamente al conflicto bilateral Washington-La Habana, sino a un nuevo equilibrio continental. Trump ha colocado al régimen cubano en el centro de su agenda hemisférica, al tiempo que actores políticos del exilio cubano observan cómo la situación energética en la isla se degrada mientras crece la presión internacional.
De confirmarse un cambio en la política mexicana, La Habana perdería uno de sus últimos suministros firmes y la región asumiría un nuevo escenario: Cuba sin petróleo venezolano y sin la válvula mexicana.
Mientras tanto, el gobierno de Sheinbaum mide los costos, Estados Unidos eleva el tono y el régimen cubano enfrenta otra señal de aislamiento que impacta directamente en la vida cotidiana de los cubanos, no en las estructuras de poder que sostienen a la dictadura.






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