
Cuando el discurso ignora la realidad: una reflexión del Padre Alberto Reyes
En una de sus más recientes reflexiones en Facebook, el sacerdote y analista social Alberto Reyes Pías lanzó una crítica directa y filosa al rumbo político y social que atraviesa Cuba. La motivación explícita de su análisis fue la condena de José Gabriel Barrenechea a seis años de cárcel, un fallo que, según el P. Reyes, no es un hecho aislado sino un síntoma más de una profunda “disociación psicótica” en el gobierno cubano.
Para Reyes Pías, este concepto —tomado de la psicología— describe la incapacidad de un individuo para percibir la realidad tal como es, sustituida por una construcción mental propia que se vive como verdadera. El sacerdote recurre incluso a ejemplos históricos para ilustrar su punto: desde las decisiones militares irracionales de Adolf Hitler al final de la Segunda Guerra Mundial hasta la convicción del Che Guevara sobre inexistentes refuerzos en Bolivia.
Pero su reflexión no se queda en figuras del pasado. El P. Reyes traza un paralelo directo con la situación actual en Cuba. Denuncia que, mientras el pueblo expresa su desesperación por satisfacer necesidades básicas —agua, luz, medicinas, libertad—, el Estado responde con llamados a “paciencia” y “sacrificio”, señalando al “bloqueo” como causa de todos los males. En esa narrativa, la represión se endurece, y se elevan la dureza de las sanciones y la ejemplaridad de los juicios.
Reyes Pías observa una desconexión total entre la percepción oficial y la experiencia cotidiana del cubano de a pie. Afirma que incluso frente a ejemplos regionales como Venezuela —donde amplios sectores contemplan el fin de la dictadura—, el gobierno cubano se aferra a una retórica de guerra revolucionaria, como si confiara en que “hasta las abuelas saldrán con sus escobas a defender lo indefendible”.
El sacerdote también cuestiona la versión oficial del servicio militar como “voluntario”, mientras crece el número de jóvenes que pierden la vida o se suicidan bajo su peso. Señala las constantes negaciones sobre la presencia militar cubana en conflictos internacionales, como en Venezuela o en el teatro de guerra en Ucrania, pese a que las familias lloran a sus muertos.
Reyes Pías no se limita a criticar hechos puntuales sino a describir un fenómeno de mayor envergadura: la incapacidad del liderazgo para reconocer la realidad que vive el pueblo. Un país que “se cae a pedazos”, con discursos que regresan a imaginar una transición como traición, un estado de guerra permanente, una fusión inquebrantable entre Nación y Partido Comunista.
La pregunta final de su reflexión reverbera con fuerza: ¿Es tan difícil ver la realidad? En su visión, los años aferrados al poder parecen haber creado una burbuja donde la desconexión con los deseos y sufrimientos de la mayoría del pueblo es tan profunda que se percibe como psicótica —no por dramatismo académico, sino como diagnóstico de una tragedia política que, desde dentro, cuesta ver y admitir.







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