Expulsada por el miedo: la joven de las “elecciones simbólicas” empieza de cero en Santiago de Cuba

La joven Selena Lambert Ortega, de 24 años, conocida en redes como Ojos Bellos Lambert, enfrenta las consecuencias sociales y económicas derivadas de su reciente citación por la Seguridad del Estado tras publicar una encuesta en Facebook que comparaba a Marco Rubio y Miguel Díaz-Canel como presidente de Cuba.

Según reportó el periodista independiente Yosmany Mayeta Labrada, Lambert fue obligada a abandonar la vivienda rentada donde residía con su pareja en el reparto Veguita de Galo, en Santiago de Cuba, después de que se intensificara la presión del entorno y el temor a posibles problemas con las autoridades. Vecinos de la zona confirmaron que el desalojo no estuvo motivado por razones contractuales, sino por miedo.

“La sacaron por miedo. Decían que tenerla allí podía traerles problemas”, relató un residente bajo condición de anonimato. No hubo mediación oficial ni explicaciones formales: solo la percepción del riesgo, un fenómeno que vuelve a poner de relieve el control social y la autocensura en sectores civiles que prefieren evitar fricciones con el aparato de seguridad.

Una vida desestabilizada por un gesto simbólico

Lambert, manicurista profesional, se trasladó temporalmente a casa de familiares mientras intenta reorganizar su vida personal y laboral. La joven ha evitado ofrecer declaraciones públicas por razones de seguridad, de modo que parte de la información ha sido reconstruida a través de personas cercanas que la acompañan en este proceso.

El episodio ilustra cómo el impacto de acciones catalogadas como “sensibles” por las autoridades puede extenderse más allá del ámbito político, afectando el sustento y la estabilidad familiar de ciudadanos que no militan en organizaciones opositoras ni ejercen activismo formal.

La vigilancia informal y el efecto del temor

Analistas que estudian dinámicas de control social en Cuba han señalado repetidamente que uno de los rasgos del sistema es la existencia de un mecanismo de vigilancia informal, donde la población actúa —voluntaria o involuntariamente— en función de evitar riesgos. Ese fenómeno opera sin necesidad de decretos ni medidas administrativas: basta la percepción del peligro para generar expulsiones, rupturas sociales o aislamiento.

El caso de Lambert se inscribe en esta lógica: no hubo encarcelamiento, juicio ni sanción formal, pero sí consecuencias reales en su vida cotidiana.

Entre la economía informal y la presión política

Para Lambert, como para miles de jóvenes cubanos dedicados a oficios y servicios, la posibilidad de trabajar está directamente ligada a la ubicación física y al acceso a clientela. El traslado forzado implica reconstruir desde cero no solo el hogar, sino también su actividad económica.

Si bien no existe una confirmación oficial respecto a presiones contra su negocio, contactos cercanos advierten que la incertidumbre y la pérdida de estabilidad residencial suelen convertirse en una forma indirecta de castigo en contextos donde no hay protección laboral ni institucional.

Un síntoma de una problemática mayor

El caso de Selena Lambert revela una dimensión menos visible del sistema de control: la prolongación del costo político hacia la esfera doméstica y económica, donde el miedo y la autocensura sustituyen a la coerción formal. Lo que comenzó como una encuesta digital derivó en un proceso de desarraigo, evidenciando que en Cuba la opinión no solo se vigila, también se penaliza en la vida diaria.

La joven permanece en Santiago de Cuba y continúa trabajando para reconstruir su actividad profesional lejos de la vivienda rentada de la que fue expulsada.

ClickCuba seguirá monitoreando la evolución del caso y su impacto en el entorno social y económico de la protagonista.

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