Padre Alberto Reyes: “Es tiempo de levantar la cabeza”

El sacerdote camagüeyano Alberto Reyes Pías volvió a irrumpir en el debate público cubano con una reflexión publicada en Facebook que conecta con el clima de expectativa generado tras los recientes acontecimientos en Venezuela. Su mensaje profundiza en un fenómeno que atraviesa a buena parte de la sociedad cubana: la coexistencia entre la esperanza de un cambio y el miedo a enfrentarlo.

Un país acostumbrado a sobrevivir

Reyes sostiene que no es un secreto que muchos cubanos observan lo ocurrido en Venezuela con la expectativa de un giro histórico que ponga fin a la dictadura en Cuba y abra paso a una etapa de democracia y prosperidad. Sin embargo, señala un obstáculo silencioso: el arraigo del miedo.

Ese temor, explica, no solo proviene de la incertidumbre sobre lo que pueda suceder, sino también de una realidad cultural y psicológica. A su juicio, el país vive entre el colapso material y el aprendizaje forzado de estrategias de supervivencia: dónde conseguir alimentos, cómo encontrar medicamentos, cómo protegerse de la represión, cómo lidiar con la violencia y los apagones.

En ese contexto, han quedado relegadas preocupaciones fundamentales como la educación de las nuevas generaciones o la falta de futuro. Según el sacerdote, los cubanos han aprendido a sobrevivir en la oscuridad, hasta sentirse relativamente seguros dentro de ella.

“Cuba es un desastre, pero es nuestro desastre”

Reyes describe un fenómeno que él identifica como temor al cambio. Aun cuando muchos desean una transformación profunda del sistema y anhelan una sociedad distinta, el miedo surge ante la posibilidad de no saber cómo desenvolvernos fuera de la lógica del “resolver” cotidiano. Ese apego al desorden conocido operaría como un freno emocional y cultural.

El sacerdote resume la contradicción así: el pueblo está cansado de la miseria, de las manipulaciones, del control y del miedo, pero teme dar a luz a una sociedad desconocida.

“La vida hay que empujarla”

Tomando como analogía el nacimiento de un niño, Reyes afirma que la nueva sociedad necesita nacer y que luego se aprenderá a sostenerla. Con ello invita a ver el momento actual como una oportunidad para asumir dolores de parto antes que como motivo para la parálisis.

Para el religioso, este no es un tiempo de silencio ni pasividad, sino de “esperanza creativa”. Llama a reclamar derechos, a decir lo que se piensa, a no dejar que el miedo silencie, y a pedir a Dios que permita la confluencia de los elementos necesarios para que Cuba sea una nación libre, democrática y plural.

Una apelación espiritual y cívica

Reyes recurre al Evangelio de Lucas para reforzar su mensaje: “Levántense, alcen la cabeza, se acerca su liberación”. Con esa cita propone combatir la idea de que el mal tiene la última palabra y recuerda que toda oscuridad termina siendo vencida por la luz.

Su reflexión se suma a un discurso creciente dentro del exilio y de sectores de la sociedad civil cubana que señalan que el miedo ha sido uno de los pilares que sostienen al régimen desde hace décadas. En ese sentido, su texto funciona como una invitación a romper el silencio y a asumir, desde la fe o desde la convicción ciudadana, que el cambio no vendrá sin un acto de voluntad colectiva.

La publicación ha generado reacciones en redes, especialmente entre cubanos que ven en el mensaje un aliento ante la incertidumbre y una llamada a asumir responsabilidades cívicas en un momento que muchos perciben como decisivo.

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