
Lázaro Mireles y la urgencia de narrar Cuba sin filtros
Con “Cuba, la historia bien contada”, el activista cubano Lázaro Mireles irrumpe en el panorama literario con un libro que combina memoria, denuncia y análisis político desde una perspectiva poco explorada: la del cubano que creció bajo un régimen totalitario, lo enfrentó desde dentro y, una vez en el exilio, descubrió que la libertad también tiene sus sombras.
La sinopsis del propio autor deja claro el propósito de la obra: desmontar relatos tergiversados y acercar al lector a una Cuba que, lejos del folclore tropical y la nostalgia edulcorada, ha sido territorio de represión, silencios y supervivencia cotidiana. En ese viaje íntimo y directo, Mireles reconstruye tanto su experiencia personal —marcada por la homofobia institucional, la persecución política y el exilio forzoso— como la de miles de cubanos que han cargado con las consecuencias de aspirar a libertades básicas.
Cuba más allá de la postal
El libro recorre los episodios más significativos de la historia reciente de la Isla: el derrumbe de las promesas revolucionarias, la erosión de derechos fundamentales, la instauración del miedo como política de Estado y la emigración como válvula de escape. Mireles no escribe desde la teoría ni desde la distancia académica; escribe desde la vivencia, lo que dota a la narración de una crudeza y autenticidad que escasean en muchos ensayos sobre Cuba.
En ese sentido, la obra funciona como contrapeso a décadas de propaganda oficial y romantización internacional que han convertido la tragedia cubana en un relato banal o incompleto. “Cuba, la historia bien contada” se inscribe así en la tradición de las narrativas del exilio que reclaman el derecho a explicar el país desde quienes lo han padecido.
El exilio como escenario político
Pero el aporte más incómodo —y necesario— de este libro aparece cuando Mireles traslada la mirada fuera de la Isla. En sus páginas pone el foco en la disidencia cubana en el extranjero, con especial énfasis en Europa y particularmente en España, uno de los principales centros de organización del exilio cubano durante las últimas dos décadas.
Allí describe un ecosistema marcado por divisiones, egos, infiltraciones del régimen y complicidades ideológicas que, según el autor, han debilitado una lucha que debería ser común. Sin victimismo ni complacencias, Mireles retrata las luces y sombras de un exilio que ha tenido momentos de movilización notable, pero también fracturas que han frenado su capacidad de incidencia.
El libro no se presenta como ajuste de cuentas ni como manual político, sino como una llamada a la responsabilidad. Y lo hace con un lenguaje accesible, lejos de tecnicismos, dirigido a un lector amplio: desde quien solo conoce Cuba por sus playas hasta quien cree que la dictadura termina al cruzar el aeropuerto.
Unidad como condición de futuro
Uno de los ejes centrales que atraviesa la obra es la idea de cohesión. Mireles subraya que, sin unidad de propósito, ninguna causa democrática tiene posibilidades frente a un régimen autoritario que, por diseño, saca ventaja del desgaste emocional, las desconexiones y las guerras internas de sus adversarios.
La advertencia es clara: mientras la oposición se divide, el régimen no necesita disparar para ganar. Esa reflexión, incómoda pero vigente, convierte al libro en una intervención política en sí misma, más allá del formato testimonial.
Memoria, denuncia y advertencia
“Cuba, la historia bien contada” no es únicamente una obra de memoria personal ni un documento de denuncia. Es también un recordatorio de que la historia reciente de Cuba sigue abierta, que sus heridas siguen presentes y que el exilio es parte inseparable de ese relato.
Con honestidad, dolor y transparencia, Lázaro Mireles invita a revisar narrativas, cuestionar mitos y reconstruir la lucha por la libertad desde valores esenciales: verdad, compromiso y responsabilidad colectiva. En un momento en que Cuba vuelve a ocupar titulares internacionales y el exilio se reconfigura, este libro aporta una perspectiva imprescindible para comprender no solo lo que ha ocurrido, sino lo que aún está en juego.







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