Bruno Rodríguez acusa a Estados Unidos de “hegemonía criminal” y defiende derecho de Cuba a importar combustible

El canciller del régimen cubano, Bruno Rodríguez Parrilla, salió este jueves a marcar posición frente a las crecientes tensiones internacionales derivadas del conflicto en Venezuela y la reciente captura del exmandatario Nicolás Maduro. En una publicación difundida en la red social X, Rodríguez negó que Cuba haya recibido compensaciones económicas por servicios de seguridad en terceros países y arremetió contra Estados Unidos, al que calificó de “hegémon criminal y descontrolado”.

Según el ministro, Cuba “no recibe ni ha recibido nunca compensación monetaria o material por los servicios de seguridad que haya prestado a algún país”, en una evidente respuesta a las acusaciones internacionales sobre la presencia de militares, oficiales de inteligencia y asesores cubanos en Venezuela durante el período chavista-madurista. Esas denuncias —documentadas por organizaciones de derechos humanos, gobiernos occidentales y testimonios de desertores— señalan que La Habana habría intervenido en áreas estratégicas, desde la seguridad presidencial hasta el control de aparatos represivos e inteligencia política.

Rodríguez intentó desmarcarse de esa narrativa asegurando que, “a diferencia de EEUU, no tenemos un gobierno que se presta al mercenarismo, el chantaje o la coerción militar contra otros Estados”, afirmación que llega en un momento en que Venezuela es foco internacional tras la operación estadounidense que capturó a Maduro, hecho sin precedentes en América Latina.

En su mensaje, el ministro también defendió el derecho del país a importar combustible desde mercados internacionales, afirmando que Cuba tiene “absoluto derecho a importar combustible desde aquellos mercados dispuestos a exportarlo” y a desarrollar relaciones comerciales sin “interferencia” de Estados Unidos. La declaración busca responder a la situación energética interna, marcada por apagones prolongados y dificultades para el abastecimiento de crudo desde Rusia, Argelia e Irán.

Finalmente, Rodríguez aseguró que “el derecho y la justicia están de parte de Cuba”, y acusó a Washington de comportarse como un actor desestabilizador que amenaza la paz “no solo en Cuba y este hemisferio, sino del mundo entero”.

Las declaraciones generaron críticas inmediatas en redes sociales y círculos de análisis político por varias razones:

El contraste entre el discurso y la realidad venezolana: múltiples fuentes independientes coinciden en que agentes cubanos tuvieron un rol decisivo durante los años de Nicolás Maduro, particularmente en la represión y control social. La negación de beneficios económicos: el envío de personal médico, militar y de seguridad a otros países ha sido descrito por expertos como una modalidad de exportación de servicios altamente lucrativa para La Habana. El uso del conflicto con Estados Unidos para desviar responsabilidades internas, especialmente en medio de una crisis energética y económica persistente.

La reacción del canciller refleja la estrategia comunicacional de la cúpula gobernante: distanciarse de Maduro en lo retórico, defender el “derecho” a operar comercialmente con aliados como Rusia e Irán y, al mismo tiempo, reforzar la narrativa antiestadounidense, eje central del discurso oficial desde hace décadas.

Mientras tanto, analistas coinciden en que la captura de Maduro ha dejado a La Habana en una posición frágil en el tablero internacional: sin su principal socio político en América Latina, con dificultades económicas severas y sin un marco claro para reacomodar su estrategia exterior.

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