
Padre Alberto Reyes cuestiona el marxismo-leninismo y el sacrificio humano por “la causa”
El sacerdote cubano Alberto Reyes Pías volvió a generar un amplio debate en redes sociales tras compartir una profunda reflexión sobre lo que considera uno de los pilares ideológicos del marxismo-leninismo: la subordinación absoluta del individuo a un proyecto político.
En un texto titulado “He estado pensando…”, Reyes parte de un recuerdo de infancia para desmontar lo que describe como una visión donde “la causa” revolucionaria justifica cualquier renuncia personal. En su relato, recuerda una escena televisiva en la que una pareja de jóvenes bolcheviques era vista como un problema porque “se perderían para la causa”. Ese detalle, que en su niñez percibió como un gesto romántico, con el tiempo se convirtió —según explica— en motivo de alarma.
“La persona no importa”
Reyes afirma que, con el desarrollo del pensamiento crítico, comprendió la implicación real de aquella frase: en el marxismo-leninismo “la persona no importa”. No importa “su vida, ni su proyecto personal, ni su presente, ni su futuro”, sostiene, porque todo queda supeditado al ideal revolucionario.
El sacerdote señala que esta lógica implica que tampoco importe la familia, la pareja, los hijos o los padres, pues todo se sacrifica en función del mantenimiento del proyecto político. A su juicio, ese sistema termina utilizando al individuo como instrumento mientras sea útil, para después descartarlo.
Referencias a Cuba y a las muertes en conflictos extranjeros
En su análisis, Reyes conecta esa idea con la historia cubana reciente. Incluye en ese marco a los cubanos que entregaron décadas de esfuerzo a la Revolución “a cambio de nada”, a quienes murieron en misiones militares en países como Argelia, el Congo, Bolivia, Angola, Etiopía, Nicaragua o Ucrania, y a quienes, más recientemente, han muerto en Venezuela defendiendo a un régimen aliado de La Habana.
Para el sacerdote, esas muertes —“un ‘más’ en una lista demasiado larga”, escribe— no solo representan pérdida de vidas, sino también dolor, abandono e indiferencia para las familias que quedan atrás. Según su denuncia, los elogios oficiales no se traducen en acompañamiento real ni en mejoras materiales para los padres, hijos o parejas de los fallecidos.
El costo oculto de las misiones y el sacrificio familiar
Reyes también apunta hacia otro fenómeno común en la realidad cubana: la separación familiar provocada por las llamadas “misiones”, que prometen mejores ingresos pero generan consecuencias afectivas profundas.
A su juicio, miles de cubanos aceptaron esas misiones para asegurar una vida más digna a sus familiares, pero el resultado terminó siendo “matrimonios rotos, padres abandonados e hijos heridos para siempre”, un daño invisible que —según plantea— no es asumido por el Estado que promovió el sacrificio.
Una “causa vacía”
El sacerdote cuestiona la autenticidad del ideal revolucionario, al que califica como una “causa vacía” detrás de la cual opera una dictadura que exalta el sacrificio personal mientras utiliza al individuo “hasta el final”.
Para él, el discurso que enaltece al “héroe” mientras exige la entrega total, carece de verdadera preocupación por la dignidad humana y se sostiene únicamente para mantener a “los nuevos amos” en el poder.
La defensa: un “No”
Reyes cierra su reflexión proponiendo lo que considera un acto de defensa mínima y esencial: decir “No”.
“No entraré en el juego, no me dejaré utilizar, no me pondré en una situación donde puedan manipularme”, resume, invitando a romper con mecanismos que, según su visión, buscan atrapar a las personas en una dinámica de obediencia sin retorno.







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