
Detenido por hablar: nueva detención arbitraria del guantanamero Diosvany Salazar Rodríguez en Imías
La represión en Cuba ha llegado a un punto en el que incluso una conversación casual puede convertirse en motivo de castigo. El guantanamero Diosvany Salazar Rodríguez fue detenido nuevamente en la tarde del 5 de enero en el municipio de Imías, esta vez por el simple hecho de haber hablado con otros pasajeros sobre la situación actual de Venezuela.
Según la información confirmada por ClickCuba, Salazar se dirigía en un vehículo a visitar a su madre cuando intercambió opiniones con varias personas sobre los acontecimientos en Venezuela. En la conversación, todos coincidieron en expresar satisfacción por lo que estaba ocurriendo en ese país y manifestaron el deseo de que algo similar pudiera suceder en Cuba. No hubo consignas, llamados públicos ni acciones organizadas. Solo palabras.
Sin embargo, alguien que lo reconoció —una persona que lo conoce y que actuó como informante— dio el aviso a las autoridades. Poco después, agentes se presentaron en la vivienda de su madre y procedieron a detenerlo.
Castigo por opinar
Diosvany Salazar pasó la noche en un calabozo, en lo que constituye un castigo directo por comentar hechos políticos y expresar opiniones personales. No se le imputó ningún delito concreto ni se le explicó formalmente la causa de la detención. El mensaje fue claro: en Cuba, hablar también se castiga.
Este nuevo arresto ocurre apenas días después de que Salazar cumpliera un mes de prisión, tras haber sido detenido el 24 de noviembre y liberado el 24 de diciembre, fecha en la que le fue impuesta una multa de 10.000 pesos cubanos. Su detención anterior se produjo luego de que, entre once personas arrestadas, una señalara que él también había estado presente en una manifestación. Dado su historial como opositor al régimen, las autoridades se ensañaron nuevamente con él.
Un patrón de hostigamiento sistemático
El caso de Diosvany Salazar no es un hecho aislado, sino parte de un patrón de persecución sostenida contra ciudadanos identificados como críticos del sistema. Su condición de opositor lo mantiene bajo vigilancia constante y lo convierte en objetivo recurrente de detenciones arbitrarias, multas desproporcionadas y amenazas.
Lo ocurrido en Imías expone con crudeza el clima que se vive hoy en Cuba: los represores temen incluso las conversaciones privadas. Temen lo que los cubanos piensan, lo que comentan en un carro, lo que desean en voz baja. Ese miedo del poder se traduce en control, delación y castigo ejemplar.
Hablar como acto de resistencia
Detener a un ciudadano por expresar una opinión sobre la política internacional o por manifestar aspiraciones de cambio revela el nivel de deterioro de las libertades más básicas. En la Cuba actual, pensar y hablar se han convertido en actos de riesgo.
La nueva detención de Diosvany Salazar Rodríguez confirma que la represión no necesita protestas masivas ni pancartas. Basta una conversación. Basta una frase. Basta que alguien escuche y delate.
Así se sostiene hoy el control: con miedo, vigilancia y castigo.







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