
Disparos en Miraflores: lo que realmente ocurrió tras la confusión con drones de vigilancia
Los disparos y detonaciones registrados la noche del lunes en las inmediaciones del Palacio de Miraflores no respondieron a un ataque externo ni a un intento de toma del poder, sino a un incidente interno provocado por la detección de drones de vigilancia que pertenecían al propio aparato de seguridad del régimen, según coinciden versiones posteriores de medios internacionales y fuentes cercanas a la situación.
Durante varias horas, redes sociales y algunos analistas alertaron sobre la posibilidad de una operación armada en curso o incluso de un golpe interno, tras difundirse videos grabados por vecinos donde se escuchan ráfagas de disparos y se observan movimientos de vehículos blindados en zonas adyacentes al palacio presidencial. La ausencia de información oficial inmediata alimentó la incertidumbre.
Sin embargo, las investigaciones posteriores apuntan a un episodio de confusión y nerviosismo entre las fuerzas de seguridad que aún controlan Miraflores, en un contexto de extrema tensión tras la detención de Nicolás Maduro y el colapso de la cadena de mando tradicional del chavismo.
De acuerdo con estas versiones, drones de vigilancia operaban en el espacio aéreo cercano al palacio, presuntamente como parte de los propios sistemas de control interno. Al no existir coordinación clara entre los distintos cuerpos armados que permanecen activos, los drones fueron interpretados como una amenaza, lo que provocó que unidades de seguridad abrieran fuego contra objetivos aéreos que, en realidad, eran propios.
Los disparos, dirigidos principalmente al aire, generaron explosiones y destellos visibles desde distintos puntos de Caracas, provocando alarma entre la población. Vecinos reportaron “bombardeos hacia arriba” y fuertes detonaciones, aunque no se ha confirmado la existencia de víctimas ni daños estructurales relevantes.
Este episodio expone el nivel de desorganización, desconfianza y fragmentación interna que atraviesa el aparato represivo del régimen tras la caída de su figura central. Lejos de mostrar control, lo ocurrido en Miraflores revela un sistema de seguridad que opera bajo estrés extremo, sin coordinación efectiva y con temor a infiltraciones o traiciones internas.
Hasta el momento, no se ha emitido un comunicado oficial detallado que explique el incidente, una estrategia de silencio que refuerza la percepción de debilidad y caos en las estructuras que aún intentan sostener el poder en Venezuela.
Lo sucedido no fue un ataque externo ni una acción militar organizada, pero sí una señal clara del colapso operativo del régimen, incapaz incluso de distinguir entre sus propios medios de vigilancia y una amenaza real.







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