El Movimiento por la Libertad y la Democracia defiende la intervención como última vía frente a regímenes autoritarios

El Movimiento por la Libertad y la Democracia hizo pública una declaración política en la que asume una postura frontal frente a los regímenes autoritarios de Venezuela, Cuba y Nicaragua, y defiende el uso de la fuerza como último recurso para liberar a pueblos que —según afirma— han perdido toda soberanía real, institucionalidad y capacidad interna de autodeterminación.

En el texto, firmado por Maribel García González y fechado el 3 de enero de 2026 en Zúrich, el movimiento sostiene que en estos países no existen elecciones libres, la oposición es perseguida de manera sistemática y el poder se mantiene exclusivamente mediante la represión. Bajo esas condiciones, argumentan, el principio de soberanía deja de ser una garantía para los pueblos y se convierte en una “coartada” que protege a los opresores.

La declaración marca una ruptura explícita con organismos internacionales como la Organización de las Naciones Unidas y la Unión Europea, a los que el movimiento acusa de haber perdido legitimidad como garantes de los derechos humanos. En particular, cuestiona el Acuerdo de Diálogo Político y Cooperación entre la Unión Europea y Cuba, señalando que ha sido mantenido pese a las reiteradas denuncias de violaciones de lesa humanidad en la isla. Según el documento, esta política ha contribuido a sostener a la dictadura cubana con fondos públicos europeos, incluidos los aportados por exiliados cubanos, lo que evidenciaría —afirman— una actuación selectiva e ineficaz de las instituciones internacionales.

Desde una perspectiva ética, el movimiento rechaza la defensa de la no intervención en contextos donde no existe soberanía popular. A su juicio, invocar el respeto al derecho internacional en Estados sin libertades políticas no equivale a neutralidad, sino a un “abandono moral” de las poblaciones sometidas.

La declaración recurre además a precedentes históricos para reforzar su postura. Cita la guerra de Bosnia y Herzegovina como ejemplo de la incapacidad europea para frenar una masacre, subrayando que solo la intervención militar liderada por Estados Unidos permitió detener los crímenes y poner fin al conflicto. Para el movimiento, este episodio demuestra que la inacción, amparada en una interpretación rígida de la soberanía, puede tener consecuencias letales.

En relación con Cuba, el texto sostiene que una eventual intervención externa no estaría motivada por intereses económicos, sino por el respaldo a un pueblo oprimido. Asegura que en la isla no existen recursos estratégicos que justifiquen una acción de ese tipo y que, desde la perspectiva de muchos cubanos, una intervención sería no solo legítima, sino deseada.

El Movimiento por la Libertad y la Democracia concluye su declaración rechazando lo que denomina la “sacralización de una soberanía inexistente” y afirma que, cuando todas las vías pacíficas han sido cerradas, la fuerza puede convertirse en la única herramienta capaz de quebrar el poder del opresor. En ese sentido, sostiene que una intervención imperfecta es preferible a una legalidad internacional estéril que, en la práctica, perpetúe el sufrimiento de pueblos enteros.

Deja un comentario

Última

Última

Última

Suscribirse

Tendencias