Raúl Torres opina sobre la polémica en la Fábrica de Arte Cubano

En medio de la reciente controversia que ha rodeado a la Fábrica de Arte Cubano (FAC), el cantautor Raúl Torres ha decidido fijar posición con un texto personal y reflexivo en el que, sin esquivar el debate sobre la discriminación y el racismo, defiende el valor cultural de uno de los espacios artísticos más emblemáticos del país.

“Triunfaremos el día en el que no se nos disloque más la brújula y sepamos dónde está situado nuestro verdadero enemigo”, escribe Torres al inicio de su reflexión, dejando claro que aborda el tema con cautela y desde una experiencia vivida, no desde la consigna ni el oportunismo.

El músico reconoce abiertamente que no es “santo de la devoción” de los gestores de la FAC, pero afirma que ellos sí lo son para él, sobre todo por su profunda admiración hacia proyectos musicales como Síntesis y hacia figuras como X Alfonso y M Alfonso. Desde ese lugar de respeto artístico, Torres comparte su propia historia con la institución.

Relata que, años atrás, antes de radicalizar su proyección artística, fue invitado por Carlos Alfonso a presentarse en la FAC. Pisó ese escenario y compartió su música. Con el tiempo, las invitaciones cesaron, algo que interpreta no como una expulsión, sino como una consecuencia natural del camino que decidió tomar. “Jamás me dijeron que no volviera”, subraya, insistiendo en que la puerta quedó “entreabierta”.

Uno de los pasajes más significativos del texto es el recuerdo de una conversación con X Alfonso, a la que define como un ejercicio de honestidad poco común. Torres explica que, tras sugerirle participar en una canción de corte patriótico (confunde patria con dictadura), X Alfonso le dejó claro, con serenidad, que no respondía al “Gobierno” ni a ninguna institución del Estado. Lejos de molestarse, el cantautor agradece esa franqueza y reivindica el derecho del artista a marcar sus propios límites.

A partir de ahí, Torres aborda directamente la polémica reciente. Reconoce que, al ver “tanto polvo levantado”, necesitó tomarse un tiempo para separar rumores de hechos. Tras ese ejercicio de reflexión, llega a una conclusión firme: para él, la Fábrica de Arte Cubano es un “santuario que cuidar”.

Afirma no haber sido testigo de actitudes racistas por parte del personal de la FAC, ni en el pasado, cuando frecuentaba el lugar, ni ahora, observándolo desde la distancia. Describe la institución como un espacio auténtico, necesario y de vanguardia, donde lo que se “segrega” es belleza y no personas. En su visión, la FAC es un taller donde el color de la piel se diluye en el lenguaje común de la cultura y el arte.

Torres aclara que no defiende una institución perfecta, porque nada humano lo es, pero sí lo que define como un “milagro cotidiano”. Un lugar donde el arte actúa como frontera y como bandera, y donde los prejuicios no tienen cabida. En ese sentido, recuerda que desde la propia institución se reconoció una confusión y se ofrecieron disculpas públicas, por lo que llama a no alimentar rencores innecesarios.

Sin dejar de señalar que la discriminación y el racismo deben ser denunciados siempre, el cantautor advierte sobre el riesgo de la manipulación y de perder de vista los problemas de fondo. “Acumulando rencores no se avanza”, escribe, convencido de que el tiempo acaba colocando las cosas en su sitio.

Para Raúl Torres, hoy por hoy, la Fábrica de Arte Cubano sigue siendo una de las expresiones más avanzadas de la cultura contemporánea, sostenida por un colectivo que, según afirma, trabaja sin descanso para ofrecer arte “en estado puro”.

“Esa es mi verdad”, concluye. Una verdad personal, expresada con cariño y firmeza, que se suma al debate público en torno a la FAC y que reabre una pregunta de fondo. Cómo defender espacios culturales valiosos sin renunciar a la denuncia de las injusticias reales, y cómo evitar que la brújula se desvíe cuando el ruido amenaza con imponerse a la reflexión.

Deja un comentario

Última

Última

Última

Suscribirse

Tendencias