
Maykel Osorbo interpela a Residente desde prisión y le pide coherencia con los artistas reprimidos en Cuba
El artista y preso político cubano Maykel Castillo Pérez, conocido como Maykel Osorbo, envió un mensaje directo al rapero puertorriqueño Residente, en el que expresa desacuerdo con algunas de sus posturas públicas y le reclama mayor sensibilidad hacia los artistas que, como él, han sido encarcelados por ejercer la libertad de expresión.
Desde la cárcel, Osorbo parte reconociendo la gravedad de lo que ocurre en la Franja de Gaza, a lo que califica como un crimen de lesa humanidad. Sin embargo, introduce un matiz crítico al señalar que se trata de un conflicto histórico y religioso de más de dos mil años, ante el cual —según afirma— los civiles y los “gentiles” poco pueden hacer. Esa reflexión sirve de antesala para llevar el debate a un terreno que le resulta personal e ineludible: la represión política contra los artistas en Cuba.
En su mensaje, Osorbo apela al llamado “código de la calle”, una ética de solidaridad que, según explica, debería regir especialmente entre los artistas del género urbano y contestatario. “Cuando uno cae, todos lo levantan”, recuerda, subrayando que esa hermandad ha sido históricamente una de las fuerzas del rap y el hip hop como expresiones de denuncia social.
El músico cubano pone entonces sobre la mesa su propia situación. Está preso por una canción, algo que —afirma— Residente conoce perfectamente. Desde ahí lanza una pregunta directa y cargada de indignación: si realmente cree que él es un terrorista o un mercenario pagado. La interpelación no es casual. Durante años, el régimen cubano ha intentado desacreditar a Osorbo y a otros artistas independientes acusándolos de ser instrumentos de intereses externos, una narrativa que ha servido para justificar la persecución, la censura y la prisión.
El tono del mensaje se vuelve más firme cuando Osorbo le pide a Residente “mucho más cuidado” con sus comentarios. No se trata solo de una discrepancia política, sino de una advertencia fraterna desde la experiencia del castigo. Osorbo recuerda el vínculo histórico y cultural entre Cuba y Puerto Rico, a los que define como “las dos alas de un mismo pájaro”, y le exhorta a no cometer errores que terminen reforzando discursos que criminalizan a artistas perseguidos.
Finalmente, el rapero cubano lanza un llamado claro: preocuparse más por los “coterráneos del género”, por aquellos músicos y creadores que están pagando con cárcel, exilio o silencio forzado el precio de hacer arte incómodo frente a una dictadura. Su mensaje no es solo una crítica, sino una demanda de coherencia y solidaridad desde el arte contestatario.
El pronunciamiento de Maykel Osorbo vuelve a poner en evidencia una realidad incómoda: mientras algunas voces con gran visibilidad internacional toman posición sobre conflictos globales, en Cuba hay artistas encarcelados por cantar, rapear o decir lo que piensan. Y desde una celda, Osorbo recuerda que la solidaridad empieza, muchas veces, por mirar al que está más cerca y no tiene micrófono.







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