Apagones, enfermedades y silencio: el retrato de Cuba desde la voz de un pastor

Un post publicado en Facebook por Jaisel Piñero, pastor y director del Seminario Los Pinos Nuevos, ha puesto palabras a una realidad que millones de cubanos viven a diario, pero que rara vez es reconocida desde los espacios oficiales. Lejos del discurso triunfalista del régimen, su mensaje es un testimonio crudo, directo y profundamente humano sobre el cierre de año en la isla.

“Un fin de año muy triste… repleto de sombras”, escribe Piñero, refiriéndose a apagones de hasta 12 horas, una situación que se ha normalizado en gran parte del país. La falta de electricidad no solo implica oscuridad, sino la paralización de la vida cotidiana, la imposibilidad de conservar alimentos, la angustia de familias enteras y el colapso de servicios básicos.

A esa crisis energética se suma otra igual de grave: el avance de las arbovirosis, enfermedades transmitidas por mosquitos, que —según denuncia el pastor— están “lacerando la salud de los pobladores”. Todo ello en un contexto de precariedad sanitaria, escasez de medicamentos y hospitales sin recursos, donde enfermarse puede convertirse en una sentencia.

El post también denuncia el aislamiento comunicacional. Comunidades enteras permanecen sin señal celular ni telefonía fija, incluso para comunicarse con familiares que viven fuera del país. Piñero señala que desde hace casi una semana no se abastece de combustible el grupo electrógeno que respalda la radio base del consejo popular, sin que ninguna autoridad ofrezca explicaciones. “Nadie da una respuesta al pueblo/clientes”, subraya, dejando en evidencia el abandono institucional.

Particularmente reveladora es su referencia a las recargas internacionales, una de las principales vías por las que el Estado obtiene divisas. Quienes pagaron promociones desde el exterior ven cómo estas se esfuman sin ofrecer ningún beneficio real, debido a la falta de conectividad. El mensaje apunta a una contradicción evidente: el régimen cobra, pero no garantiza el servicio.

Lejos de la retórica política, el pastor cierra su publicación citando el libro bíblico de Habacuc (3:17-19), un texto que habla de escasez, pérdida y fe en medio de la adversidad. No es una cita casual. En ella, Piñero parece reflejar el estado espiritual de un país agotado, donde incluso quienes no militan en la oposición política expresan, desde la fe, un profundo desencanto con la realidad impuesta.

El valor de este testimonio radica en quién lo emite. No se trata de un activista ni de un opositor tradicional, sino de un líder religioso y académico, alguien que forma parte del entramado social cubano y que habla desde dentro. Su post confirma algo que el régimen intenta ocultar: la crisis ya no distingue sectores, ideologías ni creencias.

Mientras los medios oficiales continúan promoviendo una imagen de resistencia y sacrificio heroico, voces como la de Jaisel Piñero revelan el verdadero rostro del país. Un país donde la fe no sustituye a la electricidad, ni la resignación cura enfermedades, ni el silencio institucional puede seguir siendo la única respuesta.

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