Por qué el régimen cubano eliminó la Navidad durante décadas

Durante años, muchos cubanos crecieron sin entender por qué el 25 de diciembre era un día cualquiera en el calendario. Mientras en gran parte del mundo la Navidad se celebraba como una fecha familiar, religiosa y cultural, en Cuba fue borrada oficialmente. La razón no estuvo en la tradición ni en la fe, sino en una decisión política del poder.

En 1969, la dictadura encabezada por Fidel Castro eliminó la Navidad como día festivo. La justificación oficial fue la necesidad de concentrar todos los esfuerzos del país en la llamada Zafra de los Diez Millones, una ambiciosa campaña azucarera presentada como crucial para la economía nacional. Sin embargo, esa explicación ocultaba un trasfondo más profundo.

La supresión de la Navidad formó parte de una política ideológica más amplia. A partir de los años sesenta, el régimen adoptó el marxismo-leninismo como doctrina oficial y promovió el ateísmo de Estado. Las manifestaciones religiosas fueron consideradas incompatibles con el proyecto revolucionario y con la construcción del llamado “hombre nuevo”. En ese contexto, la Navidad pasó a verse como una tradición cristiana, occidental y ajena al modelo socialista.

Las consecuencias fueron duras y sostenidas en el tiempo. El 25 de diciembre dejó de ser feriado, las celebraciones públicas desaparecieron y muchas familias optaron por vivir la fecha en silencio y puertas adentro. Creyentes de distintas denominaciones sufrieron discriminación institucional, con limitaciones para acceder a estudios universitarios, empleos estatales o cargos de responsabilidad. La fe y las tradiciones religiosas quedaron relegadas al ámbito privado.

Durante casi tres décadas, la Navidad fue una fecha ausente del espacio público cubano. No hubo adornos, celebraciones oficiales ni reconocimiento cultural. La tradición sobrevivió únicamente gracias a la persistencia de las familias, que la mantuvieron viva de forma discreta, transmitiéndola de generación en generación.

No fue hasta 1997 cuando el régimen restituyó el 25 de diciembre como día festivo, de manera excepcional, con motivo de la visita del papa Juan Pablo II en enero de 1998. A partir de entonces, la fecha se mantuvo en el calendario laboral, aunque sin una verdadera recuperación institucional ni cultural.

Hoy, la Navidad vuelve a figurar oficialmente, pero lo hace marcada por la historia. Tras décadas de prohibición, se celebra en un país golpeado por la crisis económica, donde muchas familias carecen de lo básico para reunirse y festejar. Para muchos cubanos, la Navidad es más un símbolo de resistencia cultural que una celebración plena.

La eliminación de la Navidad en Cuba no fue un hecho aislado ni anecdótico. Fue parte de un proyecto político que subordinó la vida espiritual, cultural y familiar de la nación a los intereses del poder. Una decisión cuyos efectos aún se sienten en la memoria colectiva del país.

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