El poder se encoge: el régimen suspende reuniones clave y pospone el Congreso del PCC

En apenas una semana, el aparato político del régimen cubano ha tomado decisiones inusuales que no pasan desapercibidas. La suspensión de reuniones presenciales del Comité Central del Partido Comunista y de la Asamblea Nacional, la reducción de sus sesiones a un solo día y el aplazamiento del Congreso del PCC dibujan un escenario que va más allá de simples ajustes administrativos.

No se trata de un cambio menor en la agenda. Es una señal política.

Reuniones reducidas y a distancia

La Asamblea Nacional del Poder Popular, órgano que formalmente representa el poder legislativo, decidió no reunirse de manera presencial y limitar su sesión a un solo día mediante videoconferencia. Lo mismo ocurrió con el Comité Central del Partido Comunista, que redujo su pleno anual a una jornada virtual.

La justificación oficial ha sido vaga: la “compleja situación del país”. No se ha declarado emergencia sanitaria, ni existe un evento puntual que explique estas decisiones. La falta de detalles refuerza la percepción de que el problema no es logístico, sino político.

Menos exposición, más control

En Cuba, estas reuniones no funcionan como espacios de debate real, pero sí cumplen un papel clave dentro del sistema: ordenar filas, medir lealtades y proyectar una imagen de cohesión. Reducirlas al mínimo y evitar el formato presencial limita cualquier fricción interna y reduce el riesgo de tensiones que el régimen prefiere no exhibir, ni siquiera puertas adentro.

La virtualización no busca modernizar la política. Busca controlar mejor el escenario.

El aplazamiento del Congreso del PCC

La decisión más significativa ha sido posponer el Congreso del Partido Comunista, el evento político más importante del sistema. En ese espacio se definen líneas estratégicas, se ratifican liderazgos y se construye el relato de continuidad y unidad.

Cuando un régimen autoritario aplaza su congreso, no es por prudencia. Es porque no tiene condiciones para celebrarlo. Falta consenso, sobran problemas y no hay respuestas claras para una crisis económica y social que se agrava.

Un país al límite

Estas decisiones se producen en un contexto marcado por apagones prolongados, colapso de servicios básicos, inflación, escasez y una emigración masiva que vacía al país de fuerza laboral y de futuro. Gobernar se ha vuelto más difícil incluso para quienes concentran todo el poder.

El régimen responde reduciendo compromisos públicos, evitando rituales políticos y operando en modo defensivo.

No es caída, es desgaste

No estamos ante un colapso inmediato del sistema, pero sí frente a una fase avanzada de deterioro. Un poder que acorta reuniones, aplaza congresos y se esconde detrás de pantallas no transmite fortaleza. Transmite agotamiento.

Cuando el poder deja de mostrarse, es porque teme lo que ya no puede controlar.

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