El parte televisado de la Unión Eléctrica desata indignación y burla entre los cubanos: “Otra jornada tensa… sin soluciones”

La televisión estatal volvió a madrugar para anunciar, en cadena nacional, lo que desde hace meses se ha vuelto rutina: otra jornada “tensa, compleja y complicada” para el Sistema Eléctrico Nacional (SEN). El reportaje transmitido por cadena nacional, enlazado con Radio Rebelde, dedicó casi diez minutos a explicar déficits, megawatts fuera de servicio, unidades térmicas en mantenimiento y “pronósticos algo menos graves que ayer”.

Pero esta vez, los cubanos no se quedaron callados. Las redes sociales se incendiaron con reacciones que van desde el sarcasmo hasta el cansancio extremo. Los comentarios en la propia página oficial de la Unión Eléctrica reflejan mejor que cualquier gráfico el pulso real del país: incredulidad, hartazgo y una percepción casi unánime de que, más que informar, el discurso oficial justifica un colapso sin solución.

El parte oficial: miles de megawatts en déficit y promesas aplazadas

Desde el despacho nacional de carga, el ingeniero Lázaro Guerra Hernández aseguró en vivo que la afectación prevista para la máxima demanda del día sería de 1.970 megawatts, “menor que la de ayer”, cuando la cifra superó los 2.185.

El funcionario detalló:

Cuatro unidades térmicas continúan en avería. Tres más están en mantenimiento. Falta diésel para la generación distribuida. Dos bloques “podrían” incorporarse antes del 31 de diciembre.

En pantalla, el periodista Bernardo Espinosa habló de “una jornada difícil, tensa y compleja”, calificativo repetido tantas veces que terminó convertiéndose en meme digital.

Los cubanos reaccionan: “¿Dónde está la energía?”

Mientras el ministerio celebraba la entrada de una máquina de 158 megawatts, la ciudadanía relataba otra realidad. Comentarios recopilados en la página oficial de la Unión Eléctrica muestran contrastes contundentes:

Ciego de Ávila: más de 48 horas sin corriente. Holguín: usuarios reportan más de 24 horas sin servicio. Camagüey: repetidas interrupciones sin explicaciones.

Una vecina de Ciro Redondo reclamó públicamente:

“Desde el 7 de diciembre a las 12 del día no tenemos corriente, solo una hora y veinte minutos ayer. Lo poco que tenemos en los refrigeradores se está echando a perder”.

Otros cuestionan directamente la narrativa técnica:

“Si hay cielo despejado y los parques solares están funcionando, ¿dónde está la energía que hace falta?”.

Sarcasmo como mecanismo de defensa

La desesperación vino acompañada de ironía:

✔ “¿Aparte del bonche, pusieron los paneles al revés?”

✔ “Parece que los calderos de La Habana dan más megawatts que los paneles solares”.

✔ “No sé si llorar o reír”.

✔ “Lo único que saben hacer es anunciar más apagones y echarle la culpa al bloqueo”.

El tono colectivo revela algo más profundo: una fractura total de confianza entre la población y quienes administran el sistema eléctrico.

Percepción pública: un país que amanece ‘moribundo’

Uno de los comentarios más compartidos resume el sentimiento general:

“Hace tiempo que amanecemos muriendo un poco más por días con las desgracias de la UNE”.

Otros ironizan incluso sobre la puesta en escena televisiva:

“Cambiaron la presentación del parte, pero no cambian a los que solo transmiten ganas de morir”.

Desconexión entre discurso y realidad

Mientras el reportaje oficial insistía en que “se están incorporando capacidades”, los ciudadanos denunciaban:

neveras arruinadas, alimentos perdidos, falta de respuesta en emisoras provinciales, ausencia total de planes reales de recuperación.

La frase más repetida fue simple pero demoledora:

“Seguimos sin solucionar”.

Conclusión: el megawatt que falta es credibilidad

Cada parte técnico que la prensa estatal transmite pretende demostrar control; cada comentario ciudadano que aparece debajo evidencia lo contrario.

Los cubanos ya no discuten las cifras —las ridiculizan.

Ya no preguntan cuándo regresará la corriente —se preguntan por qué deben seguir creyendo.

Y esa grieta entre un país en penumbras y funcionarios que celebran “entradas de bloques” es quizá el mayor apagón que enfrenta Cuba: el de la confianza.

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