La dictadura cubana niega vínculos con el narcotráfico tras las acusaciones de Hugo “El Pollo” Carvajal

La dictadura cubana respondió públicamente a las recientes acusaciones del exjefe de inteligencia venezolano Hugo “El Pollo” Carvajal, quien afirmó en una carta dirigida a Donald Trump que La Habana habría tenido un rol estratégico en operaciones internacionales de narcotráfico vinculadas al Cártel de los Soles y coordinadas desde Venezuela.

En una conferencia controlada por el Partido Comunista, funcionarios subordinados al aparato represivo negaron rotundamente cualquier relación con el narcotráfico y acusaron a Estados Unidos de intentar “crear una amenaza” regional. Según el discurso oficial, la isla no sería un país productor ni de tránsito de drogas, y su política sería de “tolerancia cero”.

Los voceros de la dictadura citaron la cooperación bilateral con Washington en materia antidrogas como supuesta prueba de su transparencia. Sin embargo, sectores del exilio cubano recuerdan que esta narrativa ha sido usada durante décadas como un elemento de propaganda para encubrir prácticas opacas que jamás serán investigadas de manera independiente dentro del sistema totalitario vigente.

Un acusador incómodo con conocimiento interno

Carvajal fue la mano derecha de Chávez y Maduro dentro de la inteligencia militar venezolana. En su carta declaró que el castrismo tuvo un papel decisivo en la planificación y protección de estructuras criminales vinculadas al narcotráfico regional. Hoy, el exgeneral enfrenta procesos judiciales en Estados Unidos por conspiración y narcoterrorismo y afirma buscar “decir la verdad” para reparar responsabilidades.

La dictadura evitó pronunciarse sobre los detalles de sus denuncias. No hubo apertura a auditorías internacionales, ni a observación externa, ni a un mecanismo independiente que permita contrastar las afirmaciones realizadas por un actor con conocimiento directo de las redes mencionadas.

La estrategia de negación como mecanismo de supervivencia

El régimen, fiel a su discurso histórico, desvió la atención acusando a Washington de fabricar un relato político. Esta respuesta buscó deslegitimar la acusación sin entrar en el fondo de lo expuesto por Carvajal.

Para el exilio cubano, estas negaciones forman parte de una estructura propagandística que pretende presentar a Cuba como víctima, cuando en realidad el país permanece secuestrado por una élite que opera sin mecanismos reales de control o rendición de cuentas.

Un debate abierto que traspasará fronteras

Las declaraciones de Carvajal vuelven a situar al castrismo bajo escrutinio internacional. Aunque la dictadura intenta blindarse, el alcance judicial de estas acusaciones dependerá ahora de si EE.UU. u organismos multilaterales deciden corroborar o procesar los hechos señalados.

Mientras tanto, los cubanos en el exilio consideran que este episodio confirma una larga historia de vínculos criminales entre La Habana y estructuras de poder del hemisferio, mantenidas bajo silencio y protegidas por la impunidad.

El debate apenas comienza. Las respuestas evasivas del régimen no despejan la sospecha sobre una trama donde la inteligencia cubana ha sido señalada durante años como actor silencioso, estratégico y con intereses propios.

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