“Aquí adentro me van a matar”: la angustiosa llamada de Denis Cabrera desde la cárcel de ICE

La situación del artista y fotógrafo cubano Denis Cabrera Rodríguez, detenido en un centro de ICE desde el 25 de octubre, se ha vuelto crítica. Su última llamada telefónica a su pareja —realizada a las 8:30 a.m., tras más de tres horas aislado en una sala fría— revela un nivel de negligencia médica que pone en riesgo inminente su vida. Denis es diabético Tipo 1, una condición que requiere monitoreo constante, dieta estricta y tratamiento especializado; sin embargo, dentro del centro de detención, nada de eso se está cumpliendo.

El contenido de su llamada es estremecedor.

Un amanecer al borde del colapso

“Me desperté, me bajaron, tenía el azúcar en 489”, relata Denis a su pareja, con la voz entrecortada. “Me pusieron 16 unidades de insulina. Y no me dieron el desayuno que lleva la dieta mía”.

Según explica, tras recibir insulina fue enviado a una sala fría, donde permaneció alrededor de una hora “para ser rechecado”. Sin comer, sin líquidos y con el cuerpo bajo estrés, su condición médica se deterioró rápidamente.

Cuando volvieron a medirle la glucosa, ya no había desayuno disponible para él.

Un desayuno que puede matarlo

A las 8:30 de la mañana, casi cuatro horas después, finalmente le entregaron una bandeja. Lo que había dentro es un insulto para cualquier paciente insulino-dependiente:

“Un honey bun. Todo dulce. No me dieron dieta ninguna.”

Sin una alternativa adecuada ni el suplemento médico necesario —“estoy esperando que me den el ipuliseno para poder comerme eso”— Denis se enfrentó otra vez a una situación peligrosa: comer sin la insulina correcta o no comer y descompensarse.

Ambas opciones pueden resultar fatales para un diabético Tipo 1.

Horas en frío y una caída brusca del azúcar

“Llevo tres horas y media dentro”, le explica a su pareja.

La respuesta de ella muestra la angustia de quien espera una llamada que no llega:

“Yo estaba nerviosa porque tú siempre me llamas más temprano.”

Cuando finalmente sale del área de control, la situación sigue siendo alarmante. Denis revela que una hora antes le midieron el azúcar nuevamente:

Pasó de 489 a 300, una caída brusca de casi 200 mg/dl. Cambios así pueden causar desmayos, arritmias, convulsiones o incluso coma.

Y nadie dentro del centro parece entenderlo.

“Todavía la gente está trabajando y no lo entienden”, lamenta él.

Un sistema indiferente: “Son unos asesinos”

La llamada da un giro aún más desgarrador cuando Denis cuenta lo que escuchó minutos antes:

“Venía hablando la oficial que nos trae. Lleva 6 años trabajando aquí y le ha pedido el McDonald’s.

Un preso le dijo: ‘Pero él es diabético, ¿cómo le van a dar ese desayuno?’

Y ella respondió: ‘A ti lo que te queda es rezar’.”

La frase resume la crudeza de su situación: un sistema que no solo ignora su condición médica, sino que parece banalizar el riesgo.

“Ellos lo van a matar, ¿entiendes?”, repite Denis, consciente de que cada día sin tratamiento adecuado lo acerca al punto de no retorno.

La desesperación al otro lado del teléfono

En la llamada, su pareja intenta calmarlo, sostenerlo emocionalmente a pesar del terror evidente en su voz:

“Resiste ahí tranquilito… reza, papito, que ya te vamos a sacar.”

Denis, agotado física y mentalmente, responde:

“Dios mío, no me siento bien. Estoy esperando que me den la polisina para comerme esto. Si no, no la voy a comer.”

Ella insiste:

“Toma agua, bebé. Toma agua.”

Pero el agua no reemplaza la insulina correcta. No reemplaza una dieta rigurosa. No reemplaza la supervisión médica que un diabético Tipo 1 necesita para seguir vivo.

Un peligro que aumenta minuto a minuto

El caso de Denis Cabrera no es un simple descuido: es negligencia sistemática. Un trato que viola protocolos médicos básicos y que podría conducir a:

Cetoacidosis diabética Daño renal irreversible Ceguera permanente Infarto Muerte por descompensación

La llamada delata un patrón:

A Denis no le dan su dieta, no le suministran la insulina adecuada, lo dejan horas sin comida, pierden sus dispositivos médicos, desatienden sus síntomas, ignoran sus riesgos.

Conclusión: Denis no necesita suerte. Necesita atención médica urgente.

Lo que Denis vive hoy dentro de ICE no es un incidente aislado: es una violación directa a su derecho a la vida. Su diabetes no da tregua, y cada subida o bajada brusca de azúcar puede ser fatal.

Mientras su pareja espera noticias y los abogados avanzan, Denis sigue resistiendo en condiciones que ningún paciente debería enfrentar, mucho menos alguien que huyó de la represión para intentar salvar su vida.

Es urgente actuar.

Es urgente protegerlo.

Es urgente que su caso sea tratado con la seriedad y la humanidad que merece.

Porque Denis ya lo dijo con una claridad desgarradora:

“Aquí adentro me van a matar.”

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