Cubanos y brasileños se unen en Puerta del Sol para exigir libertad y denunciar la agonía de Yosvany Rosell

En el corazón de la capital española, bajo las luces del gigantesco árbol de Navidad de Puerta del Sol, el activista cubano Lázaro Mireles volvió a alzar la voz por quienes no la tienen dentro de la isla. Esta vez no estuvo solo. Lo acompañaron ciudadanos brasileños que también reclaman libertad para los presos políticos en su país, en un gesto de solidaridad que unió dos luchas distintas atravesadas por un mismo hilo: la defensa de los derechos humanos frente a gobiernos autoritarios.

La concentración tuvo un protagonista ausente pero omnipresente: Yosvany Rosell García Caso, preso político holguinero que hoy lucha por su vida tras más de un mes en huelga de hambre. Mireles recordó que Yosvany lleva años condenado injustamente por participar en las protestas del 11J, y cuya situación médica es actualmente crítica.

“Cada vez que tenga la oportunidad lo denunciaré”, afirmó el activista, megáfono en mano, mientras explicaba a los transeúntes la gravedad de la situación en Cuba, donde más de 1.000 presos políticos permanecen tras las rejas por motivos de conciencia. Según Mireles, la ciudadanía internacional “no puede mirar hacia otro lado mientras un joven muere solo por pedir libertad”.

Una denuncia compartida desde Cuba hasta Brasil

La concentración también sirvió de punto de encuentro para brasileños que, portando banderas y pancartas, denunciaron lo que consideran un incremento alarmante de presos políticos desde el regreso de Lula da Silva al poder. Mireles hizo referencia a ello durante su intervención, subrayando el vínculo histórico entre el Gobierno brasileño y la cúpula castrista.

Para los manifestantes brasileños presentes, apoyar la causa cubana es también un acto de coherencia: “La libertad no tiene fronteras, y cuando un país cae en manos del autoritarismo, todos los pueblos libres deben reaccionar”, expresó uno de los asistentes.

Puerta del Sol: un escenario de resistencia

El contraste entre el ambiente festivo de las luces navideñas y las denuncias de graves violaciones de derechos humanos no pasó desapercibido. Decenas de personas se acercaron para preguntar, escuchar o grabar vídeos, mientras Mireles relataba casos de represión, desapariciones y condenas arbitrarias en Cuba.

El activista insistió en que la presión internacional es esencial para salvar la vida de Yosvany Rosell y de otros prisioneros políticos cubanos cuyas familias no pueden siquiera visitarlos. “Si el mundo no actúa, los van a dejar morir”, advirtió.

Un llamado urgente a la comunidad internacional

La manifestación concluyó con un mensaje claro: no se trata de un conflicto ideológico, sino de una emergencia humanitaria. Cubanos, brasileños y europeos se unieron en un mismo clamor: libertad para los presos políticos de Cuba y Brasil, y atención internacional inmediata al caso de Yosvany Rosell.

Mientras el árbol de Navidad iluminaba la emblemática plaza madrileña, el contraste era imposible de ignorar: la celebración y el consumo propios de estas fechas frente al sufrimiento silencioso de quienes arriesgan su vida por la libertad.

“Que cada uno haga lo más mínimo que pueda”, pidió Mireles. “La vida de un hombre depende de que el mundo deje de mirar hacia otro lado.”

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