Díaz-Canel y Marrero viajan a Guantánamo tras el huracán Melissa, pero la visita genera rechazo entre los vecinos

El presidente designado Miguel Díaz-Canel y el primer ministro Manuel Marrero Cruz visitaron este jueves la provincia de Guantánamo como parte de los recorridos oficiales tras el paso del huracán Melissa, una gira que el Gobierno presenta como seguimiento a las labores de recuperación. Sin embargo, la reacción de los guantanameros en redes sociales fue mayoritariamente de indignación, cansancio y rechazo.

La prensa oficial informó que Díaz-Canel inauguró un salón de rehabilitación auditiva en la Escuela Especial 14 de Junio, equipado con 10 computadoras donadas por la organización alemana “Cuba Sí”. El centro atiende a niños con implantes cocleares, sordera e hipoacusia. La noticia fue divulgada por Radio Guantánamo, que acompañó la publicación con imágenes del recorrido.

Pero mientras los medios estatales resaltaban el acto protocolar, los comentarios de los ciudadanos mostraban otra realidad: hartazgo ante la propaganda y frustración ante la falta de soluciones concretas a los graves problemas que dejó el huracán y que arrastra la provincia desde mucho antes.

“Circo, nada más”

La mayoría de las reacciones fueron críticas. “Circo, nada más”, escribió una vecina. Otros señalaron que la visita está diseñada únicamente para la foto, mientras los barrios continúan sin agua, sin electricidad, sin alimentos y sin atención estatal real.

“Él va a ver cómo el pueblo se recupera solo, porque ellos no dan nada”, comentó otra usuaria, reflejando el sentir de muchísimos cubanos que llevan semanas enfrentando por su cuenta las consecuencias del fenómeno meteorológico.

Varios ciudadanos insistieron en que Díaz-Canel y Marrero deberían haber ido a los lugares más afectados, como las comunidades del municipio Niceto Pérez, donde aún hay zonas incomunicadas.

“Pregúntele a esos niños qué desayunaron hoy”

En la propia escuela visitada por las autoridades, los comentarios de los guantanameros apuntaron a una misma pregunta:

¿De qué sirve inaugurar una sala tecnológica si los niños ni siquiera tienen qué comer?

“Pregúntele a esos niños cuántos de ellos desayunaron hoy”, cuestionó una madre en Facebook.

Otro vecino añadió: “Esos niños probablemente llegaron con un pan seco y agua”.

Las críticas también señalan el contraste entre la inversión en actos propagandísticos y la precariedad que enfrentan las familias afectadas: casas destruidas, semanas sin agua potable, falta de alimentos y medicinas.

“Dejen la política barata”

La irritación por el uso político de temas sensibles —como la rehabilitación auditiva— también se hizo notar.

“Hay que dejar de manipular con temas delicados para ganar puntos”, escribió un usuario.

Otros denunciaron la “escenografía” preparada para la visita y la presencia de funcionarios movilizados para aplaudir.

Promesas oficiales vs. realidad en las calles

Mientras el Gobierno asegura que el servicio de agua está “al 99 %”, los guantanameros respondieron con datos desde el terreno:

“Hay lugares que llevan más de 25 días sin agua”.

También exigieron que los dirigentes caminen por los barrios afectados, donde persisten escombros, calles intransitables y familias sin ningún tipo de asistencia oficial.

“Camine, camine”: el mensaje al Gobierno

Lejos de ser recibidos como líderes que vienen a resolver problemas, Díaz-Canel y Marrero fueron vistos como figuras desconectadas de la realidad. La frase más repetida en los comentarios fue un reto directo:

“Camina las calles, camina los barrios. Esa aglomeración es lo que les gusta. Camina, camina…”

Una petición que no habla de respeto, sino de desconfianza total.

Un pueblo cansado de las visitas escenográficas

La visita del presidente y el primer ministro, planificada como un acto de “seguimiento” y “acompañamiento”, terminó exhibiendo justamente lo contrario: una profunda desconexión entre el Gobierno y la población.

Mientras la prensa oficial intentó vender la gira como preocupación gubernamental, los guantanameros dejaron claro en cientos de comentarios que no creen en discursos, ni en recorridos, ni en fotos inaugurales.

Lo que piden es simple y urgente: agua, alimentos, techos seguros, transparencia y respuestas reales.

Y esa parte, una vez más, la visita no resolvió.

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