¿Llegará realmente la ayuda española a los damnificados del huracán Melissa?

Un nuevo cargamento de ayuda humanitaria procedente de España llegó este jueves a Cuba, según informaron medios oficiales, como parte de la cooperación internacional destinada a mitigar los daños ocasionados por el huracán Melissa en el oriente del país.

El envío, realizado en un vuelo de Air Europa, fue coordinado por la Agencia Española de Cooperación Internacional para el Desarrollo (AECID) e incluye —de acuerdo con la información publicada— 2.184 módulos de cocinas familiares, 1.600 módulos de herramientas y 253 pares de botas de trabajo con protección de acero, con un valor total de 145.000 euros. Este sería el tercer envío del Gobierno de España hacia la isla desde el paso del ciclón.

Sin embargo, la llegada de la ayuda despierta las mismas dudas que acompañan cada entrega internacional al régimen cubano: ¿irá a parar realmente a las manos de los damnificados? ¿Cómo sabrá el pueblo cubano que estos insumos no terminarán desviados, almacenados o revendidos en el mercado negro?

Antecedentes que alimentan la desconfianza

Los cubanos no han olvidado lo ocurrido tras otros desastres naturales. En numerosas ocasiones, los donativos internacionales han sido gestionados exclusivamente por el Estado, sin transparencia ni rendición de cuentas. Las autoridades suelen centralizar la distribución a través de instituciones gubernamentales o de las Fuerzas Armadas, lo que impide cualquier control ciudadano o verificación independiente.

Aún hoy, hay familias afectadas por huracanes anteriores —como Ian o Matthew— que jamás recibieron la ayuda prometida, pese a los millones de euros destinados a la “reconstrucción” de viviendas y comunidades. En algunos casos, los propios damnificados han denunciado haber visto los productos donados a la venta en tiendas estatales en moneda libremente convertible (MLC).

La falta de mecanismos de control

Ni la AECID ni otros organismos internacionales cuentan con canales independientes en Cuba para supervisar la entrega directa de los recursos. En consecuencia, toda ayuda termina bajo la administración del régimen, que decide cuándo, cómo y a quién distribuirla.

Ante este escenario, la falta de transparencia sigue siendo el mayor obstáculo para confiar en que la cooperación española llegue a quienes más lo necesitan. Los cubanos en el oriente del país —muchos aún sin techo, sin alimentos y sin acceso a agua potable— solo podrán comprobar si el apoyo llega cuando vean, literalmente, las cocinas, las herramientas y las botas en sus manos.

Hasta entonces, la pregunta sigue abierta: ¿será esta ayuda una muestra de solidaridad efectiva o un nuevo recurso diluido en la opacidad del sistema cubano?

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