
Luis Alberto García reacciona al juicio contra Alejandro Gil: “Falta la fundamental: mentirnos”
El reconocido actor cubano Luis Alberto García Novoa volvió a sacudir las redes sociales con una publicación en Facebook en la que comenta, con ironía y dureza, la situación del ex vice primer ministro y ministro de Economía y Planificación, Alejandro Gil Fernández, actualmente acusado de múltiples delitos.
En su mensaje, García enumera los cargos por los que Gil está siendo juzgado —entre ellos espionaje, malversación, cohecho, tráfico de influencias y lavado de activos— para luego remarcar con sarcasmo: “Diez boberías ahí. Falta la fundamental: mentirnos. Mentirnos. Mentirnos.”
El actor cuestiona quién colocó a Gil en los altos cargos del Estado y qué tipo de formación política o ética lo avaló: “¿En qué Escuela de Cuadros del PCC lo diplomaron?” También ironiza sobre los juramentos solemnes de los funcionarios públicos que, según él, se quedan en el espectáculo televisivo, sin reflejar compromiso real con el pueblo.
Luis Alberto García, conocido por su franqueza, no se limita a señalar al exministro, sino que pone en tela de juicio a todo el sistema que lo rodeó y permitió su ascenso. “Tendría que ser muy ‘gil’ ese señor para haber intentado erigirse como la única papa descompuesta en ese saco”, escribió, insinuando que la corrupción y la mentira no son casos aislados sino estructurales dentro del aparato estatal cubano.
El actor también lanza una crítica directa al periodismo oficial, preguntándose si alguna vez se atrevió a investigar o cuestionar al “zar de las finanzas” del régimen:
“¿El gran periodismo investigativo nacional alguna vez se olió algo? ¿Algún diputado puso en duda sus argumentos?”
Finalmente, García cierra su publicación con una cita de Hamlet, de Shakespeare: “Algo huele a podrido en el Estado de Dinamarca”, estableciendo un claro paralelismo entre la corrupción política de la tragedia clásica y la realidad cubana actual.
Con este mensaje, Luis Alberto García se suma a las voces críticas que, dentro y fuera de la Isla, ven en el caso de Alejandro Gil no un hecho aislado de corrupción, sino el reflejo de un sistema que durante décadas ha basado su supervivencia en la mentira, la opacidad y la impunidad.







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