
Osmani Heredia, el manifestante de Baire que se negó a retractarse, sigue preso con una fianza de 50 mil pesos
En Cuba, decir la verdad sigue teniendo un precio, y a Osmani Heredia le ha costado la libertad. Detenido desde el viernes, un día después de la protesta pacífica en Baire, el joven cubano se ha convertido en símbolo de resistencia tras negarse a grabar un video de retractación, como sí fueron obligados otros manifestantes arrestados.
Heredia fue apresado el mismo día que el médico Erlis Sierra Gómez y el enfermero Humberto Nieto Sierra, ambos detenidos tras los sucesos del jueves 16 de octubre en el Consejo Popular de Baire, municipio Contramaestre, Santiago de Cuba. A diferencia de ellos, que reaparecieron en videos controlados por la Seguridad del Estado declarando no haber sido maltratados y llamando a “tramitar las quejas por las vías oficiales”, Osmani decidió no prestarse a la manipulación.
Por su firmeza, el régimen lo mantiene encarcelado en Santiago de Cuba bajo una fianza de 50 mil pesos cubanos, que deberá pagarse este lunes. La cifra es un golpe adicional a su familia, que no cuenta con medios para reunir una suma tan desproporcionada.
Fuentes locales señalan que la Seguridad del Estado intenta castigar con el ejemplo a quienes se niegan a claudicar, aplicando una estrategia doble: humillación pública o castigo económico y prisión. En el caso de Osmani, la dignidad pesó más que el miedo.
Los sucesos en Baire, donde decenas de vecinos salieron a la calle exigiendo luz, comida y respeto, marcaron un punto de quiebre en el oriente cubano. Aunque las autoridades respondieron con un operativo policial masivo y la presencia de altos funcionarios para sofocar el descontento, el espíritu de esa noche no se apagó con las luces.
“Osmani representa lo que el régimen teme: un ciudadano sin miedo, que no se arrodilla”, comentó a ClickCuba un activista desde Santiago de Cuba bajo anonimato. “Su encarcelamiento busca advertir a los demás, pero también demuestra cuán desesperado está el poder por conservar el control”.
Mientras tanto, la familia de Heredia enfrenta la angustia de tenerlo preso injustamente. Su caso evidencia que en Cuba la dignidad no se premia, se castiga, y que los cubanos que alzan la voz siguen siendo tratados como enemigos por exigir derechos básicos.
El pueblo de Baire continúa bajo vigilancia. Las escuelas y centros de trabajo han sido infiltrados por agentes que buscan “cabecillas”, pero lo que no pueden identificar —ni encarcelar— es el sentimiento de hartazgo que recorre cada rincón del país.







Deja un comentario