
Tensión en Baire tras la protesta: promesas del régimen, detenciones y escuelas bajo investigación
Tras la protesta ciudadana ocurrida anoche en el Consejo Popular de Baire, perteneciente al municipio de Contramaestre, en Santiago de Cuba, el régimen desplegó un amplio operativo de control en la zona, en un intento por sofocar el descontento popular.
Falsa calma tras el “acto público”
En menos de dos horas, llegó al lugar la primera secretaria del Partido en la provincia, Beatriz Johnson, quien encabezó un acto público improvisado en el parque central, paralelo a la manifestación donde los vecinos gritaban “¡No tenemos miedo!” y golpeaban cacerolas.
De acuerdo con fuentes locales, el acto fue una maniobra del régimen para dispersar a los manifestantes mediante promesas de solución inmediata a los apagones y otros problemas del municipio.
“Lograron aplacar a la gente con mentiras. Dijeron que resolverían la corriente, y de hecho, hasta ahora no han vuelto a cortar la electricidad”, confirmó un residente a ClickCuba.
Escuelas bajo vigilancia y búsqueda de “cabecillas”
Esta mañana, el ambiente en Baire era de tensa calma. Varias fuentes denuncian que las escuelas están ocupadas por agentes de la Seguridad del Estado e investigadores, dedicados a identificar a quienes participaron o lideraron las protestas.
“El régimen está cazando cabecillas”, señaló un vecino bajo condición de anonimato.
Entre los nombres que circulan en redes sociales se encuentran Osmani Heredia, presuntamente detenido por la policía, y Erlis Sierra, un médico con dos hijos pequeños, cuya familia teme por su arresto.
Las publicaciones de Facebook realizadas por Yau A. Salcedo, vecina de la zona, alertan sobre ambos casos y piden apoyo comunitario para impedir más detenciones arbitrarias.
Represión disfrazada de diálogo
Aunque el régimen intenta proyectar una imagen de diálogo con el pueblo, en la práctica ha intensificado la vigilancia y el control social, una estrategia repetida tras cada estallido de inconformidad en la isla.
Los pobladores aseguran que la presencia policial sigue siendo fuerte y que las amenazas a los manifestantes continúan en privado.
La noche del jueves quedó marcada por el eco de las cacerolas y los gritos de “¡No tenemos miedo!”, que resonaron en el mismo lugar donde en 1895 se encendió el Grito de Baire por la independencia.
Hoy, más de un siglo después, ese mismo pueblo vuelve a exigir libertad, pero esta vez frente a un poder que busca silenciarlo con miedo y promesas vacías.







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