
La doctora Anamely Ramos denuncia la indignidad con que mueren los cubanos: “La vida y la muerte cada vez se desdibujan más”
La antropóloga cubana Anamely Ramos González compartió en su cuenta de Facebook un testimonio profundamente humano sobre la muerte de su abuela, Ernestina Aróstegui, en Cuba. Su publicación, más que un duelo personal, se convierte en una denuncia pública sobre el deterioro del sistema sanitario y funerario del país, donde —como ella describe— “hoy la gente se está muriendo de muchas maneras, sin saber siquiera de qué”.
Ramos contó que su abuela falleció esta semana en Camagüey, y que la familia inicialmente pensó que se trataba de dengue, aunque nunca pudieron confirmarlo. “Porque así están muriendo muchas personas en Cuba, sin saber siquiera de qué”, escribió.
El relato se agrava cuando detalla las condiciones en que tuvo lugar el sepelio: una lluvia impidió que el Cementerio local realizara entierros, debido a la falta de infraestructura, lo que obligó a la familia a optar por la cremación y esperar casi un día para recibir las cenizas.
“Pensábamos que era dengue, pero luego ya no sabíamos. Ese día llovía en Camagüey, por lo que en el Cementerio decidieron que no enterrarían a nadie porque no tienen las más mínimas condiciones para hacerlo cuando caen dos gotas de agua”, lamentó.
Consciente de que su testimonio podría ser interpretado como un acto político, Ramos respondió con firmeza:
“La única política que a mí me interesa es la que se activa cuando la dignidad de los seres humanos es pisoteada, y eso puede pasar en la vida, pero también en la muerte”.
La publicación refleja la angustia de miles de familias cubanas que enfrentan un colapso sanitario sin precedentes, en medio de epidemias de dengue, desabastecimiento médico y precariedad en los servicios básicos. La antropóloga, exiliada en Estados Unidos, señala que observarlo desde fuera no alivia el dolor:
“Hoy en Cuba la vida y la muerte cada vez se desdibujan más. Y verlo desde fuera no es menos doloroso. Al contrario”.
Junto a su denuncia, Ramos compartió un poema escrito en 2022 dedicado a su abuela Ernestina, en el que describe recuerdos íntimos de su infancia, conversaciones telefónicas y la relación entre ambas marcada por la distancia. En sus versos, la figura de la abuela encarna la resistencia y la ternura cotidiana en medio de la adversidad.
El texto, que termina con una reflexión sobre la memoria y la despedida, fue escrito un 31 de diciembre, el día del cumpleaños de su abuela, y adquiere ahora un valor simbólico: el cierre de un ciclo personal y familiar, pero también un retrato de lo que significa vivir —y morir— en la Cuba actual.
Con esta publicación, Anamely Ramos une la memoria familiar con la denuncia social, recordando que incluso en la muerte los cubanos enfrentan las consecuencias del abandono institucional.
Su texto es, al mismo tiempo, una elegía y una advertencia: cuando un país deja de garantizar el derecho a una vida digna, también pierde el respeto por la muerte.







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