Cojímar, entre la basura y el abandono: vecinos denuncian crisis sanitaria y negligencia estatal

Cojímar, un emblemático barrio costero del este de La Habana, enfrenta una alarmante acumulación de basura que ha convertido sus calles en vertederos a cielo abierto. Las imágenes compartidas por los propios vecinos muestran montañas de desechos que bloquean el paso de vehículos y peatones, mientras los olores, moscas y roedores invaden las viviendas cercanas.

En varios puntos del municipio —entre ellos las calles 24, G, Los Pinos y Mamá Lucinda— los basureros improvisados crecen semana tras semana sin que las autoridades locales actúen. Los residentes denuncian que el camión de recogida no pasa desde hace meses y que, ante la falta de alternativas, algunos terminan quemando la basura, agravando los riesgos de contaminación y enfermedades respiratorias.

“Vivimos sin agua, sin corriente y rodeados de basura. Nadie hace nada”, lamenta un vecino en redes sociales. Otros añaden que las autoridades solo limpian cuando se anuncia una visita oficial o cuando hay cámaras de televisión, mientras el resto del tiempo los desperdicios se acumulan sin control.

La indignación se extiende en los comentarios digitales, donde los usuarios califican de “vergonzosa” la situación y apuntan a la ineficiencia de los dirigentes de Cojímar y de los servicios comunales. Algunos ironizan con que los recursos del Estado se destinan a “marchas por causas extranjeras”, mientras los barrios cubanos se hunden entre la suciedad y la desidia. “Estamos peor que en una guerra”, escribió una residente, señalando el contraste entre la propaganda oficial y la realidad cotidiana.

La acumulación de basura no solo representa un problema estético y ambiental, sino también una seria amenaza sanitaria. En medio del repunte de enfermedades como el dengue y la proliferación de mosquitos, los habitantes alertan sobre el peligro de epidemias y la falta de respuesta gubernamental ante una crisis que, aseguran, “ya es parte de la miseria diaria”.

Cojímar, conocido por su valor histórico y su cercanía al mar, se ha convertido hoy en símbolo del deterioro urbano y la negligencia institucional. Mientras los vecinos reclaman una solución definitiva, los basureros siguen creciendo al mismo ritmo que la frustración y el abandono.

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